8 de mayo 2014 - 00:00

Procesan a financistas: dos claves y un desafío

El juez federal Sebastián Casanello procesó ayer a los financistas Federico Elaskar y Leonardo Fariña por presunto lavado de dinero.

Luego de casi un año de pericias, para el magistrado ninguno de los dos logró justificar su elevado nivel de vida.

El procesamiento fue el terreno que el juez eligió para responder a las críticas y a los ataques que recibió desde la política y otros ámbitos por la supuesta lentitud del expediente. Recordó que los actos procesales están regidos por un código y que si él hubiera actuado en paralelo a los tiempos que le exigían, todo lo actuado sería nulo.

El detalle de las instancias que describe hasta que finalmente le llega el expediente son una respuesta sutil a dirigentes de distintos partidos que requerían allanamientos prácticamente en simultáneo con las declaraciones que se vertían en la televisión. También alienta, como se entiende del escrito, algún tipo de revisión sobre los tiempos y sus implicancias en las investigaciones. Casanello es el juez más joven del fuero penal federal. Indagó durante horas a los dos financistas, que además se desmintieron en distintas ocasiones televisivas, y nunca le proyectaron ni un atisbo de credibilidad.

La clave, además de su incapacidad para justificar sus ingresos, fueron las vinculaciones de ambos con personas que también están sospechadas. En el caso de Fariña con Juan Suris (está detenido en el marco de una causa por supuesto narcotráfico), pero también con la ONG de barras bravas Hinchadas Unidas Argentinas (acaba de sufrir un revés procesal en el fuero contencioso administrativo).

En el caso de Elaskar, para la investigación fue crucial el hecho de que éste gerenció durante años una financiera que operaba por fuera del mercado oficial con fondos de procedencia demasiado gris. Quedó bien documentada en el juzgado la presencia que Fariña tenía en esas oficinas y especialmente la familiaridad con la que se manejaba.

Los autos de alta gama, la compra de inmubles (dos campos) y otros lujos terminaron de conspirar contra el destino procesal de los dos financistas.

El próximo desafío de Casanello es hacia el pasado, pero también hacia el futuro, debe investigar la procedencia de los fondos que ambos manejaban (la clave de toda causa por supuesto lavado es el origen de ese dinero y no tanto el lavado en sí mismo) y al mismo tiempo el destino final que éstos tuvieron y que en diversas operaciones hasta ahora permanece oculto.

Ambos escenarios temporales prometen nuevos hitos en el expediente.

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