30 de junio 2011 - 00:00

“Promesantes”: fenómeno de fe popular bien tratado

«Promesantes» (Argentina, 2011, habl. en español). Dir.: D. Montaño. Guión: D. Montaño y M. Juárez. Documental (exhibición sólo los miércoles, en El Camarín de las Musas).

Doble interés tiene este sencillo documental de Dolores Montaño. Por los propios fieles a la Difunta Correa que en él vemos, y por el respeto con que los trata. En los últimos años los fenómenos de fe popular en nuestro país han sido objeto de varios registros superficiales, atentos apenas a lo pintoresco, cuando no directamente sobradores, burlones. Se aprecia entonces el acercamiento con criterio objetivo, equilibrado, y mejor informado, de documentales como el que ahora vemos.

Como se sabe, todo empezó cuando, durante las luchas de unitarios y federales, la esposa de un tal Baudilio Bustos intentó cruzar el desierto sanjuanino en busca de su marido, preso por los riojanos. Lo que vino después fue excepcional, aunque (para los escépticos) deberíamos agregar que hace apenas dos años ocurrió algo semejante en EE.UU., cuando, según difundió hasta la CNN, una señora murió mientras manejaba su camioneta por zonas poco transitadas, y el hijito sobrevivió exactamente del mismo modo que el de la Difunta. Cuestión de fe, en cambio, son los milagros que se le atribuyen, desde la noche en que un arriero le pidió por sus animales perdidos en las cercanías.

El documental se acerca a esas tierras áridas de Vallecito, Caucete, y San Juan capital, y entrevista a don Víctor Zeballos, nieto del mencionado arriero, que construyó el primer agradecimiento. Ahora el lugar está lleno de los reconocimientos más diversos, que los empleados reciben y ordenan con total seriedad, aunque se trate de minucias. Ahí hablan ellos y algunos visitantes habituales, que van a renovar o cumplir sus votos, a veces exigiéndose ascensos de rodillas o arrastrándose de espaldas con un niño sobre el pecho. Tocante, el humilde y sentido relato de una joven que estuvo a punto de abortar. O el de otra que dejó allí su vestido de 15. El padre estaba sin trabajo, no iba a haber fiesta, pero luego la familia mejoró tanto que la fiesta se hizo y hasta vinieron los parientes lejanos en avión. La muchacha cuenta esto con el rostro tan luminoso y tranquilo que sólo cabe aceptar su historia.

Hay una rara tranquilidad en toda la gente, incluso en una remisera porteña (porque luego el registro se expande también a Buenos Aires y Mar del Plata), una periodista creyente, un camionero generoso que donó él solo un camión nuevo.

Ese espíritu de agradecimiento, de cumplimiento de las promesas, y esa calma que también se transmite a la película, son quizá los mayores imanes para el espectador común, que ni cree ni deja de creer, igual que los viajeros que antes de cruzar el mismo desierto dejan la tradicional botellita de agua, «sólo por las dudas» (costumbre bastante expandida también en diversas rutas de todo el país). Otros imanes son la fotografía de cielos despejados, muy linda, y la música, de acordes agradables, donde por ahí también se escucha un tema que Tarragó Ros le dedicó a la Difunta, con glosas recitadas por Pacho ODonnell, nada menos.

Dejá tu comentario