Pruebas de Uribe lo habían acorralado

Edición Impresa

Acompañado por Diego Maradona, como si la presencia del crack argentino lo hubiera reenergizado y dispuesto mejor que nunca para encarar otra de sus cruzadas bélicas, Hugo Chávez rompió ayer relaciones diplomáticas con su vecina Colombia.

La segunda vez en dos años (la primera, en 2008, luego del ataque del Ejército colombiano al campamento en Ecuador del líder de las FARC, Raúl Reyes). Y lo hizo cuando todavía no había finalizado la reunión especial de la OEA en Nueva York, en la que el Gobierno de Álvaro Uribe presentó pruebas palmarias de campamentos y actuación de las FARC en Venezuela, algo que implicaría, si no la cooperación, al menos la complacencia de parte del Gobierno chavista.

Era de esperar. Chávez venía cantando la ruptura desde el 15 de julio, cuando el Gobierno colombiano presentó pruebas de que al menos 1.500 narcoguerrilleros (de los 8.000 que en Bogotá estiman quedaron reducidas las FARC) andaban como Pancho por su casa en Venezuela.

Bala de plata

Para rematar ese tiro, en su discurso del martes 20, durante la conmemoración del Bicentenario colombiano, Urique entrega el Gobierno al presidente electo Juan Manuel Santos el 7 de agosto, usó su bala de plata para despedirse de su vecino pugilista: «Para hablar de hermandad no puede haber criminales de por medio», dijo en referencia a la connivencia del chavismo con los narcos.

«Chávez estaba contra la pared: o avalaba que una comisión internacional de verificación constatara sobre suelo venezolano la presencia de 34 campamentos narcos, como pidió Colombia ante la OEA, o hacía su mutis por el foro rompiendo con nosotros», afirmó ayer, ante la consulta de Ámbito Financiero, una alta fuente de la Cancillería colombiana.

La verificación debía hacerse antes de los 30 días, para que no se «borraran» las pruebas de las FARC, y hubiera coincidido con el tramo final de la campaña electoral del chavismo, que en 60 días enfrenta unas peliagudas elecciones legislativas, en las que podría perder la mayoría.

«Los colombianos obtuvieron lo que buscaban: alivianarle la mochila al presidente electo Santos en tener que chocar con Chávez de entrada sobre la presencia de las FARC en Venezuela», desde Washington confesó a este diario un embajador ante la OEA, que pidió la reserva de su nombre.

Opción

El Gobierno de Uribe tuvo la opción (ayer) de llevar el tema a una comisión bilateral con Venezuela y recomponer las conversaciones, pero prefirió no hacerlo», prosiguió ese diplomático, que antes de la OEA estuvo destinado en Bogotá y conoce bien la consistencia «firmemente tozuda» de la política exterior colombiana.

Un resquicio de luz dejó la tarde de ayer Marco Aurelio García, asesor en asuntos exteriores del brasileño Lula da Silva. «Hay buena disposición de los dos gobiernos, tal vez para después de la asunción del presidente Santos esto pueda resolverse», dijo. También recalcó que «Brasil y Unasur vamos a ayudar en esa dirección».

Dejá tu comentario