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Qué cambia (o no) para el país en elección brasileña
No debemos cometer el error de identificar el significado histórico de Lula con el comportamiento político, económico y "ético" del PT. El caso más parecido es el de Mandela y su Partido del Congreso. Tanto la opinión pública brasilera como la sudafricana depositaban en Lula y Mandela todas las virtudes, mientras que identificaban a los partidos de gobierno con la corrupción y las prebendas de amigos y funcionarios.
Tanto Dilma Rousseff como Marina Silva fueron ministras de Lula. Marina renunció después de 5 años en funciones como ministra de medioambiente en desacuerdo con la política forestal amazónica.
La base política que la acompañó como candidata presidencial en 2009 -20 millones de votos- era parcialmente PT, pero incluyó a simpatizantes del PSDB de Fernando H. Cardoso. Hoy Marina se considera "sucesora de Fernando Henrique y de Lula".
El PT ha lanzado una campaña muy agresiva contra Marina acusándola, en particular, de proponer "la independencia del Banco Central" para poner a este último al servicio de los grandes bancos (la coordinadora del plan económico propuesto por Marina -además de dicha independencia, sostiene superávit fiscal y metas de inflación- es "Neca" Setubal, heredera del Banco Itaú). Pareciera que el PT se olvida que fue Lula el que propuso la independencia del Banco Central al inicio de su primer mandato (y el Congreso le rechazó el proyecto) y que el Itaú alcanzó el primer puesto entre los bancos privados durante su segunda presidencia.
También la acusan de querer terminar con los planes sociales y pretender "abrir" la economía desprotegiendo a la industria nacional. Curiosamente cuando Dilma sube en las encuestas, la Bolsa de San Pablo baja y el dólar sube.
El origen social de Marina y el de Lula son como "dos gotas de agua" y es ridículo pensar que fuera a desfinanciar los programas sociales. Respecto del proteccionismo brasilero vigente, el compromiso de Marina de "abrir" su política económica hacia la "Alianza del Pacífico" es una razonable corrección a la política exterior brasilera que no supo totalizar una política sudamericana incluyente de países tan importantes como Chile, Perú y Colombia.
El actual discurso de la presidenta chilena, Michelle Bachelet, converge en el mismo sentido planteando la necesidad de "ampliar el diálogo entre la Alianza y el Mercosur".
Respecto de la Argentina, ninguna de las dos priorizará a nuestro país (fuimos su 2° socio mundial, pero caímos al puesto 5°) hasta tanto no volvamos a la razonable sintonía con el mundo.
Si Dilma resultara reelecta, cosa muy posible, el debate lanzado durante su campaña produciría cambios que redundarían en un más sustentable y equilibrado crecimiento del Brasil y en su consolidación como 6ª economía mundial.
Lula y Brasil no tienen nada que temer. No existe riesgo alguno que su política gire hacia el chavismo o cualquier otra forma de populismo irresponsable. Sus partidos políticos han demostrado gran madurez durante los últimos 30 años y articularán un sistema que, tanto desde el apoyo a quien gane como del ejercicio de una oposición responsable, garantizan la plena gobernabilidad interna así como la consolidación de sus alianzas externas que incluyen a China, los EE.UU., la Unión Europea y Japón con más sus sólidos vínculos con Rusia, India, Medio Oriente y las naciones africanas.
El paquete está bien atado. Getulio Vargas y Juscelino Kubischek -en el pasado- y F.H. Cardoso y Lula -en la transición- hicieron un trabajo magnífico. Lula puede dormir tranquilo, su herencia está en buenas manos, cualquiera fuera la hija que tenga que administrarla.
(*) Secretario de Relaciones Internacionales de PRO.


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