19 de septiembre 2013 - 00:00

¿Qué hay detrás de este regalo?

Sorpresa, sorpresa. Nada por aquí y nada por allá. A instancias de la Fed se esperaba que ésta comenzara a retirar el QE3 de escena, pero el programa se mantuvo intacto: la Fed continuará comprando bonos por 85 mil millones de dólares al mes. Estirar la permanencia del QE3 (y no posar de incoherente) exigió cambios de guión sobre la marcha. Para justificar la poda, a modo de coartada, el banco central había imaginado en junio un decorado de crecimiento en notable ascenso en la segunda mitad del año y en 2014 (que nadie más predecía). Ayer, en sus nuevas proyecciones económicas, le bajó el telón a esa fantasía. E introdujo la preocupación por la suba en las tasas largas de interés como motivo para extender la espera. Suba cuyo principal motor no fue otro que los avisos de mudanza del QE3 emitidos por la Fed. En rigor, desde mayo, el grueso de la volatilidad financiera en el mundo se alimenta de la usina de comunicación que comanda Ben Bernanke. A veces para la desazón de los activos de riesgo y otras veces, como ayer, para azuzar festejos fuera de agenda. ¿Cuál es la lógica del zigzag? Hay que convenir en que la desconocemos.

Consultado Bernanke en la conferencia de prensa posterior al mitin, negó que la intención del banco central hubiera sido la de confundir a los mercados. Los inversores, por lo visto, se confundieron solos. Y también James Bullard, presidente de la Fed de Saint Louis, que en junio votó en disidencia porque el banco central, según creyó, había variado de criterio y en sus planes para el QE3 ya no lo guiaba la preocupación por la salud convaleciente de la economía, sino la prisa del calendario. En esa dinámica, septiembre era la fecha marcada en el almanaque. ¿Marcada por quién? Entre otros funcionarios, por el propio Bernanke en su célebre ejemplo hipotético de reducción del QE3 que comenzaba "hacia fin de año" y culminaba "hacia mediados de 2014". Se sabía que la Fed estaba (y está en deuda) con su doble mandato. No rige el pleno empleo ni tampoco una inflación minorista cercana al 2%. Pero ésa era la crítica de Bullard: a pesar de ambas falencias, la Fed alistaba el comienzo del fin del QE3. Sin embargo, a la hora señalada, al momento de apretar el gatillo, pese a todo lo dicho, la Fed permaneció de brazos cruzados. El calendario no importó. En apariencia sin que nadie se rasgara las vestiduras. Hubo una única voz discordante, la de la gobernadora Esther George, quien se pasó todo el año despotricando por los riesgos de una política monetaria tan relajada. O sea, ajena por completo al corazón del debate.

La pregunta obligada es qué pasó. ¿Transcurre todo acorde con el plan original de la Fed? Cuando Bernanke afiló su lenguaje en mayo, buscó que se revaluaran los riesgos de duración, descalce de plazo y apalancamiento. La ambigüedad de la Fed y el correspondiente serrucho de las cotizaciones obligaron a tomarlos en cuenta. Las minutas mencionan la convicción de que el sistema financiero está más sólido tras esta depuración. Pero la volatilidad resultante es excesiva. Es demasiada pólvora para espantar chimangos (y es mucho daño colateral). ¿Será, pues, que estas idas y vueltas reflejan el vaivén genuino de las opiniones que ganan predicamento en el seno de la institución? ¿De verdad se pensaba que la economía iba a repuntar con un vigor que ni siquiera se insinuó? Cuesta creerlo. Si así fuera, cuesta creer que esa convicción se haya evaporado tan rápido. De junio a septiembre, ¿surgió algún elemento que justifique recortar en el 0,4% la proyección de crecimiento de 2014? Si uno estaba convencido en junio, ¿por qué no esperar un poco más antes de rectificarse? Es difícil no pensar que las cifras de junio fueron infladas adrede para respaldar un mensaje que necesitaba virar hacia lo hostil y que sin ese aporte carecía de sustentación.

Lo que ahora se comprueba es que la Fed quería apretar, pero no ahorcar. Y la verdad es que mientras la Fed quería amainar el estímulo monetario, lo que consiguió fue montar un huracán. La fuerte suba de tasas de interés de largo plazo supuso, en los hechos, una brusca contracción de las condiciones de liquidez. ¿Le salió el tiro por la culata a la Fed y quiso corregir el error? La tasa de diez años, que una semana atrás amenazaba con quebrar el 3%, se derrumbó al 2,70%. La prolijidad extrema con que la Fed introdujo ayer, por primera vez, sus proyecciones económicas y de tasas de interés de 2016 revela una gran preocupación por evitar la histeria. Pero la Fed podía manejar este frente y, a la par, haber producido, como telegrafió, una módica reducción simbólica del QE3. Alternativamente, la Fed podría haber acusado recibo de una economía más débil sin esperar a último momento y sin gatillar una sorpresa, muy extraña a su estilo. ¿Será que la Fed tuvo que sorprender porque, a su vez, fue sorprendida por nueva información? La única pieza que calza en el molde es la renuncia de Larry Summers a competir por la conducción de la Fed. ¿La sucesión de Bernanke y su imprevista politización metió la cuchara? No lo sabemos tampoco. Lo que sí sabemos es que la Casa Blanca dio a entender que Janet Yellen pasó a ser la favorita para ocupar el sillón.

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