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Qué puede esperar el país de China y de Rusia
La Argentina, pese a su terrible historial de los últimos 40 años -genocidio, guerra de Malvinas, hiperinflación, default- mantiene su puesto entre las naciones de desarrollo intermedio con la particularidad de la feracidad de su suelo y su subsuelo.
Las últimas señales de la administración actual -arreglos del Club de París, CIADI y Repsol- han generado una razonable expectativa de reinserción de la Argentina a los flujos de créditos e inversiones.
Tanto China como Rusia saben que el relacionamiento histórico de nuestro país con los EE.UU. y la Unión Europea muestran síntomas de agotamiento (en función de la prioridades de cada uno de ellos) y que nosotros tenemos urgentes necesidades de mejorar la infraestructura energética y aumentar nuestras exportaciones para garantizar la entrada de divisas que nos permitan crecer y cumplir con nuestros compromisos externos.
China quiere invertir en energía, minería, transporte y fertilizantes, Rusia tiene en la mira a Atucha III. Estamos hablando de miles de millones de inversión con gran generación de empleo y un impacto directo sobre varias actividades industriales tanto ligadas al mercado interno como al sector exportador.
Sin energía y transporte no hay desarrollo posible. Curiosamente, si avanzamos con China y Rusia, volverán a llegar los capitales norteamericanos y europeos que encontrarán nuevamente atractivas las oportunidades que hoy tenemos pero que, rodeadas de un marco de incertidumbre e inseguridad jurídica, se han congelado sine die.
Si a los convenios que estamos firmando con China y Rusia le sumamos la definitiva salida del default y le agregamos un marco legal claro al mercado cambiario, las posibilidades que se nos abren en la próxima década nos permitirán dejar atrás tanto error y conducta pendular del pasado. Nuevamente, el futuro está a la vuelta de la esquina.
(*) Secretario de Relaciones Internacionales de PRO


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