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“Quise hacer un film al estilo del cine americano de los 70”
Ben Affleck como el periodista Joshuah Bearman en «Argo», que es también su tercera película como director.
Periodista: Sabemos que en Toronto le hicieron algunas objeciones. ¿Qué fue lo que le reclamaron los canadienses?
Ben Affleck: Sólo un par de aclaraciones y reconocimientos que me parecieron lógicos, ya que el film quiere destacar el buen entendimiento de Canadá y EE.UU. en el exterior, y el valor de los cuerpos diplomáticos. Creemos que la vida de un diplomático es fácil, pero conlleva sacrificios, a veces hasta el sacrificio extremo de la vida.
P.: Se refiere al asesinato del embajador norteamericano en Libia.
B.A.: Del embajador Christopher Stevens y otros tres funcionarios en Libia, pero también a casos anteriores. «Argo» tiene ahora una actualidad que no hubiéramos querido.
P.: ¿Cómo nace esta película, y cuánto tiene de verdad?
B.A.: La historia real salió a luz en 2007, cuando Joshuah Bearman, del «LA Weekly», leyó unos papeles de 1979 que la CIA terminaba de desclasificar. Él entrevistó a los testigos del hecho y escribió un artículo atrapante que hoy puede leerse en la web, «How the CIA Used a Fake Sci-Fi Flick to Rescue Americans From Tehran». El impulsor de esa tramoya, Tony Méndez, resultó un genio.
P.: Y usted lo interpreta.
B.A.: Bueno, era un papel de héroe muy tentador. Pero a mi hija le fastidiaba verme desaliñado: «Por favor, papá, ¿en qué tipo de trabajo quieren que estés sin afeitarte?»
P.: ¿Usted participó en el guión?
B.A.: Sólo en el montaje. El guión es de Chris Terrio. Me lo ofrecieron para dirigir, y me enganchó porque es bueno (pocos guiones son suficientemente buenos como para convertirlos en una película) y porque me permitía probar situaciones de comedia dentro de un drama de acción. De hecho, tuve mis dudas. Habría cortado las partes graciosas si socavaban la dramática, pero gracias a John Goodman y Alan Arkin todo salió bien. Ellos son actores tan sólidos que hacen real y creíble cualquier cosa.
P.: Hablando de eso, ¿qué tan fiel a los hechos reales es la película?
B.A.: Ya sabe, es difícil que un hecho real coincida con los clásicos tres actos de un drama y culmine en el climax apropiado, así que agregamos tensión cinematográfica. La verdad, por ejemplo, es que el avión que debía sacar a los rehenes pasó a reparaciones y ellos sudaron la gota gorda en la sala de espera. Y ese no fue el final, hubo otras cosas. Ahora en San Sebastián han dicho que hice una película patriotera y muy a la americana, pero yo, por suerte, conté con el asesoramiento y el respaldo de los participantes del hecho que aún viven. Además, ¿qué otra cosa puedo hacer? Soy norteamericano.
P.: Y demócrata.
B.A.: Pasó algo contradictorio con ese rescate. Habría sido políticamente rentable para Jimmy Carter, que justo estaba luchando en las primarias con Edward Kennedy mientras Reagan se afirmaba como candidato republicano, pero Carter no podía revelar el éxito de esa operación secreta. Encima, se descubrió el fracaso de otra operación posterior. Lo entrevistamos, hablamos de eso, al final nos pareció correcto poner su voz, para que la gente entienda esos entretelones. Muchas cosas hoy serían distintas si Carter hubiera ganado la reelección de 1980.
P.: Puede ser. ¿Hay algo de nostalgia también en el estilo Años 70 de su film?
B.A.: La de los 70 fue una de las mejores épocas del cine americano, y ésta para mí fue la oportunidad de hacer algo en el estilo de esas películas que admiro. ¡Robé clara y descaradamente de esas películas! Si me reprochan, diré que lo hice en homenaje a ellas.
P.: ¿Qué tan real es el personaje clave de la mujer iraní que llaman «Tehran Mary»?
B.A.: Masoumeh Ebtekar, tan real, que después de llamar la atención en esos hechos terminó siendo la primera vicepresidente de Iran durante el gobierno del reformista Mohamad Jatamí. Para «Argo» tomamos unos planos de archivo, y luego la reemplazamos por Nikka Far, que es más linda.
Entrevista de Paraná Sendrós


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