30 de septiembre 2010 - 00:00

Rabino ultrarreligioso pide ahora “DAIA paralela”

El controvertido rabino ortodoxo Samuel Levin llamó a conformar una «DAIA paralela» tras pedir la renuncia de su presidente Aldo Donzis como respuesta al comunicado en que la entidad política judía le recordaba al religioso quién ostentaba la representación de esa comunidad.

Pocas horas después, el propio titular de la AMIA, Guillermo Borger, en declaraciones a este diario, pidió «paz en la casa» y dijo que siente «gran respeto por el rabino Levin, pero no comparto en esta ocasión sus opiniones».

Por su parte, Julio Schlosser, secretario de la DAIA, apeló a un clásico: culpar a la prensa. El dirigente dijo que «no hay crisis entre las dos entidades; hay diferencias de opiniones, pero no hay marco para que la prensa hable de crisis».

Levin, que adscribe a la corriente más radical de

la ortodoxia, es considerado el mentor espiritual de buena parte de la actual conducción de la AMIA (entidad mutual); hace unos diez días había dicho que Borger era el líder comunitario indiscutido. A esta afirmación fue a la que respondió la DAIA.

El rabino, que dirige una «yeshivá» (escuela rabínica) en la calle Boulogne Sur Mer en el barrio de Once, dijo a la agencia AJN: «Le vamos a sacar la DAIA de las manos porque toda la Tesorería de la DAIA renunció y queremos que el público se entere por qué y sepa todo lo que está pasando en la DAIA».

Hace algunas semanas, los tres dirigentes que conformaban el comité de Tesorería de la DAIA abandonaron sus cargos, algunos dicen de cara a las elecciones que se celebrarán el año próximo en esa entidad y otros por no estar de acuerdo con la conducción de Donzis, a la que calificaban de «personalista». Al menos uno de ellos, Ariel Cohen Sabban, adscribe a la ortodoxia, pero no necesariamente a la corriente que orienta Levin. Los otros, Bernardo Zabuski y Jorge Leicach, son laicos.

Después de afirmar que esas renuncias habían «partido a la DAIA en dos», el rabino reveló: «Estoy tratando de armar una DAIA nueva». Su argumento es que la conducción de la DAIA no fue votada por los asociados, y la de la AMIA sí; la mutual es una ONG en la que sus socios eligen en forma directa; la DAIA es una confederación que agrupa a 140 instituciones (sociales, deportivas, educativas, partidarias, templos, etc.), y su conducción es electa por los delegados de éstas.

Seguramente por eso, Levin apunta a crear una DAIA ultraortodoxa: su corriente es claramente minoritaria dentro de la comunidad judía argentina, y la enorme mayoría de las entidades asociadas a la DAIA tienen conducciones laicas.

Desde Israel -donde se encuentra de paso antes de viajar a Fráncfort a la apertura del pabellón argentino en la feria, acompañando a la presidente Cristina de Kirchner-, Borger le dijo a este diario: «Con todo el respeto y el cariño que le tengo al rab Levin, debo decir que no comparto lo que dice. No me gustan las discordias y usted sabe bien que desde que asumí, mi primera tarea fue acercarme a la DAIA. También siento un enorme respeto por Aldo (Donzis) y no pido que renuncie».

El dirigente agregó que buscará «todos los caminos posibles para que haya paz en la casa; no es bueno que la comunidad perciba que hay una división entre los judíos argentinos; estas disputas públicas nos hacen mucho mal».

Cabe apuntar que el mapa de la ortodoxia es sumamente complejo: Levin es sólo uno de al menos un centenar de rabinos «haredim» con púlpitos o aulas a su cargo. El rabino, además, es «ashkenazí» (de origen europeo-oriental), lo que lo hermana, pero a la vez lo distancia de sus colegas «sefardim» (de origen nordafricano-mesoriental). A la vez, dentro de los rabinos «europeos» también hay divisiones; la corriente que más adeptos tiene hoy es Jabád Lubavitch, cuyo rabino mayor, Tzví Grunblatt, es mucho más inclusivo que Levin.

Tampoco los laicos forman un bloque monolítico: de hecho, el triunfo de la lista de Borger en las últimas elecciones se debió a la división en dos listas de los religiosos «progresistas» (encabezados por Sergio Bergman) y de los partidos no religiosos (el laborismo, el Likud, etcétera).

Sergio Dattilo

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