5 de junio 2018 - 00:00

Razones para no ser emergentes

Razones para no ser emergentes
Nadie sabe si MSCI finalmente concederá o no a la Argentina el pasaje de mercado "fronterizo" a "emergente". Cuando en finanzas se mezclan la política con la economía, la información se vuelve opaca e interesada y cualquier cosa puede suceder, por lo que no hay que descartar nada. Por ejemplo, que desde Inglaterra anuncien en unos días que prefieren aguardar a las próximas elecciones presidenciales, antes de tomar ninguna decisión respecto a la Argentina.

Pero lo que sí se puede hacer es apelar a la experiencia: este medio fue el único que alertó meses antes de las promocionadas recalificaciones de 2016 y 2017, que éstas no se iban a dar. El problema para la recalificación es que a la gente de MSCI poco y nada le importa lo que diga el Ministerio de Finanzas, el presidente de la CNV, o de ByMA o cualquier operador local. Ellos se basan en datos duros (y en menor medida, en el consenso de los operadores internacionales), lo que los lleva en un mundo cada vez más competitivo a salvaguardar su prestigio y buen nombre por encima de todo. Así que no se pueden equivocar.

Y aquí es donde comienzan los problemas. Desde que la actual administración del país ganó la segunda vuelta en noviembre de 2015 la tasa de riesgo-país (índices EMBI+; para los legos: más es peor) subió casi un 10% en términos nominales y un 33% frente al conjunto de mercados emergentes (ver gráfico), mientras en lo que va del año, sólo Ecuador (+211 p.b.) registra un incremento -una caída del precio de sus bonos- mayor que el nuestro (164 p.b.).

Desde lo bursátil la situación es aún menos halagüeña. Según la gente de MSCI, la inversión en cotizantes argentinas dejó un resultado desde el 20/11/2015 de 4,6%, esto es un 20% menos que las acciones estadounidenses, 22% menos que el conjunto de los mercados emergentes y 1% menos que el grupo de los fronterizos, con la plaza como la de peor evolución en lo que va de 2018 (-30,97%, la semana pasada se perdió contra Turquía).

Por el lado de la escalada inflacionaria, en 2016 la Argentina ocupó el cuarto puesto en el podio de los mayores incrementos de precios a nivel mundial (data World Bank), en 2017 mejoró levemente bajando al séptimo lugar, pero este año se apunta a competir nuevamente por el cuarto o quinto sitial. Por el lado de la moneda, el peso argentino ha sido el que más ha retrocedido frente al dólar desde noviembre de 2015 (159%) y el que más cae en lo que va desde fines de diciembre último (34%).

Esto no significa que no haya habido mejoras desde lo financiero, en especial frente a la anterior gestión kirchnerista. Pero estos cambios en lugar de asegurar la suba en la calificación lo que están evitando es que la devalación de "Frontier" a "Standalone" (lo que le ocurrió a Bulgaria en 2016 y a Ucrania en 2015).

Todo puede pasar, el problema es que el Gobierno y algunos actores del mercado han hecho del cambio de ranking una cuestión casi futbolera, por lo que la eventual demora será vista como un fracaso, cuando no es más que un impasse. ¿Hacia dónde? Dependerá de lo que se haga de aquí en más.

Dionisio Bosch

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