Un amigo arquitecto me confiaba que, si bien adhería a mi propuesta de fijar el tipo de cambio, le angustiaba la inflación sistémica argentina. Mi respuesta: el acueducto romano de Segovia tiene 2.000 años. Los edificios no suelen caerse cuando cumplen las reglas de construcción. Cuando un edificio se derrumba es porque violaron las normas. Con la inflación pasa lo mismo. Los precios en pesos suben más que en otras monedas porque el BCRA emite por encima de las reglas monetarias. Durante los 10 años de convertibilidad, del uno a uno, los precios tenían el ritmo de la inflación en EE.UU.
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La convertibilidad implica una regla estable y rígida, como las construcciones duraderas. La regla es emitir pesos en la medida que el mercado lo demande. ¿Cómo se logra? El BCRA no emite para dar créditos al Gobierno ni a otras personas. Rige la partida doble de la contabilidad en defensa del patrimonio de la gente. Entonces, cuando la población demanda más pesos, debe entregar dólares por idéntico valor. A la cotización fijada de forma permanente. Cuando la población desea desprenderse de pesos, los cambia por dólares a la cotización establecida. Esa regla monetaria garantiza que los precios en Argentina varíen como en el exterior, luego de un período de ajuste estructural.
En contraste, la mal denominada flotación cambiaria no tiene ninguna regla relevante. El BCRA emite "lo necesario", según las visiones de sus dirigentes cambiantes. Y la gente aprendió. Cuando sube el dólar, se aceleran los precios en pesos. Y una vez que subieron, no bajan porque el dólar vuelve a subir. La regla que aprendió la población, en la larga experiencia inflacionaria, es: si el dólar está estable, no preocuparse y seguir teniendo pesos para los pagos habituales, porque son más sencillos. En cambio, cuando el dólar se dispara, apurarse a comprar más billetes, pues tarde o temprano el dólar volverá a subir. Ya que el BCRA volverá a emitir, agravando la devaluación. En ese proceso, disminuyen las ventas del conjunto de productos y los ingresos de la gente. Más sube el dólar, más alzan los precios de los bienes, emiten más y vuelve a subir el dólar. La venta ocasional de dólares, como está haciendo BCRA, no da seguridades a la población, que se agolpa para aprovechar la oportunidad. Si un barco se está hundiendo, la mejor forma de evitar el pánico, la corrida, es asegurar que todos tienen un bote salvavidas. Cuando no conocen cuándo volverán a vender ni a qué precio, se apresuran a comprar.
Como los derrumbes, el círculo vicioso sólo se rompe cuando anuncian un programa creíble para frenar al dólar y los precios. Si la gente quiere dólares a cambio de pesos, las autoridades debieran atenderla. Con una administración prudente y cumpliendo el acuerdo con el FMI, no habría emisión para el Gobierno. Debieran asegurar que no se emitirán pesos por ningún concepto, si no es a cambio de dólares. Así la emisión sería la exactamente exigida por el mercado. Las finanzas públicas se atenderían entregando títulos para renovar vencimientos y nuevos fondos para cubrir la brecha remanente. Las reservas internacionales preferentemente respaldarían el compromiso de vender y comprar dólares por pesos al tipo de cambio establecido por largo tiempo. Una vez que los operadores comprendan la situación y observen el alivio por la estabilidad cambiaria de la nueva regla monetaria, la confianza comenzará a resurgir junto con la actividad económica, aliviando las tensiones sociales y la brecha del sector externo.
En este punto debemos reiterar. A la Argentina no le faltan dólares. La brecha externa mide la diferencia entre el gasto total y la producción de nuestra gente. Lógicamente, la única forma de satisfacerla es con recursos del exterior. Por eso algunos proclaman la falta de dólares. Repito: para cubrir un exceso de gastos, cualquier sociedad, empresa, necesita financiarlo desde el exterior a ella. Cuando se trata de un país, algunos hablan de falta de dólares.
Cuando el público descree de promesas incumplidas necesita seguridades. ¿Qué mayor seguridad que un valor dólar sostenible para el peso? La meta de inflación cero y de pobreza cero está en juego. Mi nuevo libro, Fin de la Pobreza, detalla la estructura institucional para enriquecer y dar buen trato a la gente.
(*) Miembro del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso
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