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Regresa al Avenida “Adriana Lecouvreur”
Virginia Wagner: “ El Teatro Avenida es un buen lugar para debutar con este papel, que tiene lo suyo porque es muy largo y muy central”.
Luego de haberlo brindado a comienzos de su actividad, la asociación Buenos Aires Lírica vuelve a dar este título, en una nueva producción cuyos responsables son la directora de escena norteamericana Crystal Manich y el director de orquesta argentino Carlos Vieu. El elenco está compuesto por Virginia Wagner (Adriana), Eric Herrero (Maurizio), Adriana Mastrángelo (La Princesa de Bouillon), Omar Carrión (Michonnet), Christian Peregrino, Sergio Spina, Eugenia Coronel, Griselda Adano, Mauro Di Bert, Walter Schwarz y Juan Feico. Participa el Coro Buenos Aires Lírica preparado por Juan Casasbellas y la Orquesta de la asociación.
Las cinco funciones tendrán lugar mañana, el martes 10, jueves 12 y sábado 14 de junio a las 20, y el domingo 8 a las 18 en el Teatro Avenida. Dialogamos con Wagner, cantante argentina radicada en España:
Periodista: El protagónico de "Adriana..." es muy temido por las cantantes. ¿De qué manera lo afronta en esta oportunidad?
Virginia Wagner: El Teatro Avenida es acogedor, es un buen lugar para debutar con un papel así, que tiene lo suyo porque es muy largo y muy central. Si uno se va enganchando en la parte dramática termina "en la lona". Pero está bien escrito, no como otros que parecen haber sido compuestos con maldad.
P.: A nivel teatral, ¿cuál es su concepto de este personaje?
V.W.: En general no pienso mucho, porque a veces uno se arma una idea y el director de escena le tira por el piso todo, entonces hay que replantearse las cosas y es un trabajo doble. Cuando llegué le dije a Crystal: "Yo no pienso, vos decime qué querés" y entonces llegamos a un acuerdo. Yo puedo tener un concepto, mi visión tiene que estar acorde con el resto. Al ser un personaje real hay algunas cosas que son inamovibles. Ella era una actriz, trataba siempre de ayudar a los demás, tenía convicciones fuertes, y obviamente se sentía abrumada por la admiración de una parte de la sociedad para la que hasta el momento los artistas eran lo peor, eran gente mal vista. Ella logra una posición social que la incómoda; eso se ve cuando en la fiesta la reciben como si fuera una diosa, y ella se incomoda. Esas cosas son claras, pero todo el resto se va armando junto con el régisseur. Hay rasgos que siempre están, porque no es lo mismo hacer a una chica de 17 años o de 40, o de diferentes clases sociales, en eso soy muy específica, pero en el resto no me estructuro mucho.
P.: También está el problema de una "francesa italianizada", como sucede en otras óperas.
V.W.: Mi madre es profesora de francés, y cuando le conté que el monólogo de "Fedra" de Racine también estaba en italiano se decepcionó, ella decía que hubiera sido bueno que por lo menos esa parte fuera en francés. Eso me llevó a pensar en que hay muchas óperas "italizanizadas". No sé si eso cambia mucho, porque finalmente el espíritu de los personajes es igual en todos lados. Esta ópera muestra la vida del teatro, y eso es igual en todos lados. Históricamente marcó mucho el teatro francés, de todas maneras. Ignoro qué contacto tenía Cilea con la música o la cultura francesa como para arriesgarse a hacer una ópera en francés, pero está muy bien escrita.
P.: ¿El hecho de encarnar a una actriz plantea dificultades específicas?
V.W.: No es tan difícil porque uno también actúa, entonces entiende muchas cosas. Si bien no soy actriz de teatro, todo lo que se mueve entre bambalinas, sea ópera o teatro, es más o menos lo mismo. No es lo más complicado. Lo que sí resulta difícil es recitar, no sólo porque uno no está acostumbrado sino porque va sobre un sustento musical, no es un recitado libre completamente. Lograr encajarlo en eso, que no quede ridículo, que se entienda el sentido y no desfasarse con la música. Es complejo para que resulte creíble.
P.: ¿Cómo es la concepción de Manich?
V.W.: La escenografía está bien resuelta, siempre con el teatro omnipresente, y el resto son pocos elementos. El teatro es lo que atrae todas las miradas, porque es lo que une la historia. Se trabajó mucho en la cuestión escénica, como para que todos estemos muy tranquilos en la interacción con el otro, el ensamblaje es muy bueno. Lograr que todos estemos en la misma sintonía no es fácil, pero se consiguió. Me gusta esta puesta porque no hay "clichés", el tratamiento de los personajes es bastante humano. Salvo Eric (Herrero) y un par de integrantes del elenco, había trabajado con todos o los conocía, también gente del coro, y con Vieu había trabajado. Me siento muy contenida. Eso es importante: cuando uno está con gente con la que no sintoniza o no la conoce, no puede plantear las cosas de la misma manera. A Crystal no la conocía pero en seguida tuve muy buena comunicación con ella. Un tipo de trabajo como éste no se da muy seguido, se puede estar más tranquilo y sacar buen provecho.
Entrevista de Margarita Pollini


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