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Regresó discreta “Luisa Fernanda”
Después de mucho tiempo sin verla, “Luisa Fernanda” regresó al templo de la zarzuela, el teatro Avenida, aunque en una versión con luces y sombras.
La zarzuela tiene sus cartas de triunfo, concretamente ciertos títulos que se sabe que son convocantes y cuyo interés no ha decaído en el marco de la tradición. Uno de ellos es "Luisa Fernanda", la obra de Moreno Torroba, notable por su argumento, su libreto y su música, colmada de melodías que perduran en el imaginario colectivo. La compañía Melodramma apostó en esta oportunidad a esta zarzuela en una producción en líneas generales buena, aunque de aristas dispares.
La puesta, completamente en la senda de una tradición que el género se niega a abandonar, es un muy buen trabajo de Alejandro Cuesta, prolijo en lo visual, en el manejo de masas (todo un desafío en un espacio reducido) y sobre todo en la fluidez con la que es dicho el texto en verso, con la naturalidad de la prosa pero sin perder la cadencia del octosílabo; en definitiva el ritmo de los diálogos nunca decae, y no es poco mérito. Los decorados de Nicolás Rosito y el vestuario de Carmen Blanco concuerdan muy bien con la propuesta escénica, que cuenta con el colorido que el público reclama en los cuadros más esperados.
En el elenco se destacan tres figuras de gran trayectoria y familiaridad con el género: la mezzosoprano María Luján Mirabelli (Luisa Fernanda), la soprano Laura Rizzo (Duquesa Carolina) y el barítono Enrique Gibert Mella (Vidal Hernando); la idoneidad vocal y presencia de estos tres notables cantantes-actores contribuye al sustento del aspecto musical y teatral. El muy joven Rodrigo Mora (Javier Moreno), de innegables condiciones, adquirirá seguramente con los años el bagaje técnico y la experiencia necesarias para un papel de estas características.
Cumplen gratas tareas dentro del numeroso elenco Alejandro Cuesta, Eugenia Montes, Ariel Maida y el bailarín y coreógrafo José Terceiro. El Coral Ensamble preparado por Gustavo Codina muestra serias falencias de afinación, empaste y precisión rítmica. A las órdenes de Ronaldo Rosa, la orquesta suena disciplinada (amén de desavenencias notorias en las cuerdas), aunque no se advierte por parte del director un trabajo en dinámica, articulación ni otros detalles, ni tampoco buena conexión con lo que sucede en escena.


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