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Retorno a una economía de mercado
También se suma la recuperación de las estadísticas públicas. Ahora bien, si bien en poco tiempo se hizo mucho, todavía gravitará con fuerza el notorio deterioro de la economía argentina de los últimos años. Para tomar dimensión, cuando Cristina de Kirchner asume su mandato las cuentas públicas disponían de un superávit equivalente a u$s7.000 millones. Ocho años después, se va con un déficit fiscal equivalente a los u$s30.000 millones, superior a 6% del PBI. Lo mismo sucedió con la situación energética. No hay que perder de vista que la transición a una economía de mercado recién arranca. Para 2017, el freno de la inflación posibilitará una recuperación del salario real no menor a 5% reales. Sobre eso se suma el repunte de Brasil, la reactivación de la obra pública y posiblemente la recuperación del crédito en la economía, dejando como resultado un crecimiento económico no menor al 3%.
No hay que perder de vista que el sector privado todavía es demandante neto de dólares y la estabilidad cambiaria se logró sólo porque el sector público satisface la demanda a costa de un aumento de la deuda pública. El desafío es no caer en el vicio de dilatar la agenda por delante, y transformar la deuda pública en el nuevo motor de crecimiento, con la excusa de que todavía se está cruzando el río. En definitiva, volver a una economía de mercado no asegura el éxito, pero asegura evitar el fracaso, lo cual no es poco.
(*) Econométrica


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