Venezuela, donde el consumismo populista fue el mayor gracias al boom del petróleo, la economía se contrae este año un 8 o un 10%. En Brasil, luego de 16 años de populismo, la economía está en fuerte contracción, este año caerá cerca del 4%. En la Argentina, el cambio de Gobierno si bien logró evitar por ahora una crisis que parecía inminente, no logró todavía equilibrar las cuentas. La economía sigue en estanflación y con un déficit fiscal cercano al 7% del PBI. Esto, a pesar de la devaluación, la salida del cepo cambiario, el aumento de tarifas y el acuerdo con los holdouts que recuperó el acceso al mercado mundial de capitales. Es importante comprender por qué no funciona el esquema consumista. La fiesta consumista permitió que el Estado duplique la cantidad de empleados públicos de 2,2 millones a 4,4 millones de personas. También aumentó la cantidad de jubilados y pensionados a 7,03 millones. Y a pesar de una década de crecimiento, el Estado aumentó la cantidad de subsidios sociales y pensiones no contributivas hasta 8,2 millones. Así, el Estado emite un total de 19,7 millones de cheques mensuales. Para sostener a toda esta gente, del otro lado tenemos 6,6 millones de asalariados y 1,2 millones de cuentapropistas y monotributistas. Es decir, un total de 7,7 millones de trabajadores en el sector privado formal. La figura se completa con una presión tributaria que no tuvo otra alternativa que ir creciendo para sostener al gasto. Un reciente informe del Banco Mundial muestra que la Argentina es el país con mayor presión tributaria sobre las empresas, sólo superado por la pequeña isla de Comoros, en África. Noventa y seis impuestos gravan la producción, el consumo y el ahorro de los argentinos; además de diversas tasas municipales. La otra cara de la alta presión impositiva sumada a la maraña infinita de regulaciones es que la economía en negro suma a 5,7 millones de trabajadores. La única solución es un proceso de reformas estructurales que lleven a un aumento de las inversiones para generar cuatro millones de empleos productivos, y paralelamente ir absorbiendo un millón de personas que trabajan en el Estado, un millón de jóvenes que se incorporen al mercado laboral y dos millones de personas que reciben planes sociales.
| * Director de la Fundación |
Libertad y Progreso



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