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“Rinconete y Cortadillo”, por los intérpretes ideales
A pura actuación, José Luis Arias e Iván Moschner sostienen la atractiva versión de Luis Cano, quien transformó unos pocos episodios de la novela original en cuadros muy breves, como rutinas de un varieté.
Basado libremente en una de las "Novelas ejemplares" de Miguel de Cervantes, este espectáculo de Luis Cano resume en pocos trazos las andanzas de Pedro del Rincón y Diego Cortado, dos pícaros aficionados al robo y a los naipes marcados, que al llegar a la gran ciudad son introducidos en el mundo del hampa.
La acción se desplazó de la Sevilla del Siglo XVI a un espacio atemporal, en el que las peripecias de los personajes fueron depuradas hasta alcanzar un alto grado de abstracción. Cano seleccionó unos pocos episodios de la novela original y los transformó en cuadros muy breves, como rutinas de un varieté que fluctúa entre la comicidad y la angustia.
A pura actuación, José Luis Arias e Iván Moschner hacen visibles para el espectador los distintos ambientes e interlocutores que animan esta historia, cuya trama resulta algo imprecisa, pero al menos nunca pierde ilación ni amenidad gracias al talento e histrionismo de sus dos protagonistas. Vestidos como dos mafiosos latinos (camisa estampada, saco y cadenas de plata) Arias y Moschner se entregan a la acción con gran dinamismo, mientras la percusionista María Horton subraya con sus trucos sonoros el tono caricaturesco de algunas escenas. Las proyecciones lumínicas de Ricardo Sica también parecen apuntar a ese mismo registro con sus entramados y explosiones de color.
El "Rinconete y Cortadillo" de Cano seduce con sus diálogos disparatados, sus divertidos juegos con el lenguaje y con la inclusión de antiguos temas españoles cantados en vivo. Algunos tópicos del relato cervantino (el hambre, la violencia de género, la degradación social) circulan por la escena con una mayor levedad. Aun así, conmueve el monólogo de Juliana, la prostituta (interpretada por Arias) a la que su rufián apalea.
También genera tensión -y cierta intriga- el desfile de maleantes, encarnado por Moschner según los distintos niveles de peligrosidad.
Si bien esta adaptación prescinde de toda moraleja o "ejemplaridad", las experiencias de Rincón y Cortado recuerdan al dicho: "ir por lana y volver trasquilado".


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