29 de abril 2010 - 00:00

Rompecabezas armado con notable precisión

María Onetto es la exacta protagonista de «Rompecabezas», sólido film de Natalia Smirnoff que se va armando ante los ojos del espectador, igual que los puzzles que hacen sus personajes.
María Onetto es la exacta protagonista de «Rompecabezas», sólido film de Natalia Smirnoff que se va armando ante los ojos del espectador, igual que los puzzles que hacen sus personajes.
«Rompecabezas» (Argentina, 2010, habl. en español. Guión y dir.: N. Smirnoff. Int.: M. Onetto, G. Goity, A. Goetz, H.Trayles, F. Villanueva, J. Doregger, M. Wons, M. Guerty, L. Gaspari, B. Pagés.

Sencilla, precisa, de suave mordacidad y actuaciones exactas que jamás subrayan un solo tono, esta comedia se va armando ante los ojos del espectador, igual que los puzzles que hacen sus personajes. Se perciben las piezas, se imagina cómo encajan entre sí, pero el cuadro final puede ser distinto al que uno piensa. Lo que uno cree que puede encontrar, quizá no esté. O aparezca en otra parte del conjunto. Incluso puede que el paisaje general definitivo sea, definitivamente, otro. Lo bueno es que todo esto, que puede parecer un enredo, es sencillísimo. Y se disfruta.

La historia es así. El día de su cumpleaños una mujer totalmente dedicada a la casa, la cocina, el marido y los hijos, recibe un puzzle de regalo. Antes de eso hay una rápida descripción de la vida de esta mujer: amasa sobre mantel de hule, prepara infinidad de platos, va de acá para allá, atiende un montón de gente que ni se mueve, limpia todo, y todo con una sonrisa. Es como las de antes, trabajadoras, serviciales, que disfrutan la vida de hogar. Y no tiene de qué quejarse. El marido la quiere, la atiende, los domingos se va a la cancha con los hijos para que ella se quede sola y disfrute poniendo la casa en orden como le gusta, etcétera. Pero el día de su cumpleaños, le regalan un puzzle.

Ahí empieza a desarrollar un vicio, una oculta doble vida, y como encima tiene talento, decide participar en un torneo armando pareja con un experto. Un desconocido que la recibe en robe de chambre. ¿Cómo sigue esto? ¿Dejará de cocinar y llamará al delivery? ¿El marido descubrirá que ella no va a visitar a la tía, como le dice, sino que le está metiendo el cuento del tío? ¿Y el tío ese alcanzará sus evidentes propósitos, que persigue con gran refinamiento? Peor aún, ¿qué pasa si gana el torneo? Porque la pareja ganadora participará en un campeonato mundial que se hace en Alemania. Aquel primer puzzle representaba a la reina Nefertiti. Es gracioso cómo esta ama de casa mira la imagen de la reina y alza su cabeza estirando el cuello, porque siente que se le parece. Y el de la robe de chambre es su Akenaton, no por lo físico, sino porque le permite brillar. Bueno, ver cómo sigue y se resuelve esta historia ya queda para el espectador. Sólo digamos que ella nunca pierde su juego, y que realmente es una de esas mujeres de antes: la mata callando, sin faltar jamás a sus deberes hogareños. Cómo lo hace, ahí está la gracia (y el ejemplo).

Ocasionales vaivenes de cámara y sonido, algún remate cumbiero, ciertos diálogos, delatan la formación de la directora debutante, Natalia Smirnoff, en la Universidad del Cine. Excelentes observaciones, la precisión de algún detalle, la buenísima elección y conducción del elenco, evidencian su calidad profesional, afirmada desde hace ya unos años como directora de casting o asistente de dirección de «Valentín», «Cama adentro», «El corredor nocturno», «La mujer sin cabeza», entre otras. La protagonista de esta última, María Onetto, es acá la mujer con cabeza, con mucha cabeza, aunque parezca una mosquita muerta. El marido que compone Gabriel Goity es impecable. Arturo Goetz no le va en saga, pretendiendo la misma dama. Pero no son los únicos. Acá, empezando por quienes hacen de hijos y la futura nuera, se lucen todos, y todos encajan perfectamente, como las piezas de un buen juego. En suma, un buen relato, lindas actuaciones, y una nueva directora para tener en cuenta. Ojalá siga filmando.

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