18 de julio 2011 - 00:00

Saber aprovechar la crisis

Sergio Batista declaró que «quería jugar como el Barcelona», pero en la cancha el equipo estuvo perdido, sin brújula y sólo les ganó a los juveniles de Costa Rica.
Sergio Batista declaró que «quería jugar como el Barcelona», pero en la cancha el equipo estuvo perdido, sin brújula y sólo les ganó a los juveniles de Costa Rica.
Los optimistas dicen que las crisis son en realidad oportunidades de cambio y hay que aprovechar esta crisis que produjo la eliminación de la Selección de la Copa América para replantear todo y cambiar.

Después de la renuncia de Alfio Basile en la Selección mayor y de Hugo Tocalli en los juveniles, los hijos de Julio Grondona fueron a proponerle a su padre una «reivindicación a la generación del 86», que tenía como cerebro a Carlos Salvador Bilardo, el mismo que meses atrás había declarado: «Julio Grondona hace muchos años que le está haciendo un gran daño al fútbol argentino y se tiene que ir», cuando quería ser presidente de AFA y quería hacer valer como antecedente dirigencial sus años como entrenador de la Selección, cosa que la Justicia no habilitó.

Esa reivindicación servía para atenuar las encuestas que decían que el técnico que quería la gente para la Selección era Carlos Bianchi y a las declaraciones de éste diciendo que «estaba dispuesto» a dirigir la Selección argentina. Por eso se pensó en la figura convocante de Diego Maradona y como no le tenían confianza pensaron en Sergio Batista como su ayudante y Bilardo como «manager-tutor». Diego, como hacía en la cancha, se desmarcó de todos y terminó eligiendo sus colaboradores, salvo Oscar Ruggeri que estaba enemistado con todos los dirigentes y al que no pudo imponer.

Después del Mundial se sacaron de encima a Diego y llegó Sergio Batista, primero como interino para cumplir con el calendario de negocios y después como efectivo «por su buena relación con los jugadores».

Tibio respaldo

Los respaldaba la medalla de Oro de los Juegos Olímpicos, donde reunió a Messi, Riquelme y Agüero. Batista habló de «jugar como el Barcelona» y «rodear a Messi para que se sienta cómodo». Los primeros resultados lo ayudaron y aunque después tuvo derrotas con equipos inferiores, entre ellas la insólita goleada ante Nigeria, llegó a esta Copa América con cierto apoyo del público. Apoyo que despilfarró en dos partidos, al empatar con Bolivia y Colombia con un juego que no se parecía en nada al ideal pregonado.

Mientras tanto en juveniles, con Humberto Grondona como subdirector general de Selecciones y a cargo de este sector se destruía un trabajo excelente que había hecho José Pekerman con su grupo de colaboradores. Las más grandes al mando de Walter Perazzo (que el equipo más importante que dirigió fue El Porvenir y en dupla con Madelón) y las más chicas con Oscar Garré (que como técnico tenía una larga carrera de fracasos) empezaron un proceso de destrucción. Se volvió a elegir los «grandotes» por sobre los «habilidosos» y los resultados están a la vista (la Sub-20 dejó afuera al fútbol argentino de los Juegos Olímpicos, donde se ganaron dos medallas de Oro en los dos últimos y la Sub-17 hizo un papelón en el Mundial, donde sólo le ganó a Jamaica).

Es hora de un cambio profundo. De revisar lo hecho y darse cuenta que hay que poner a los más aptos y no hacer reivindicaciones. Los homenajes se hacen con entregas de plaquetas y actos solemnes, pero las responsabilidades hay que dárselas a los que tienen idoneidad.

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