27 de julio 2017 - 00:04

Salvataje K, campaña y errores PRO: el peligro de un default político

• UNA VICTORIA DE CRISTINA DE KIRCHNER EN OCTUBRE AGRAVARÁ EL PANORAMA
El Gobierno debe reaccionar con rapidez y noquear en territorio bonaerense para mostrar poder. Se cotiza el “Moncloa” doméstico con PJ.

Cristina de Kirchner celebró anoche el salvataje en Diputados del exministro de Planificación Federal Julio De Vido. Sentada entre un 25-35% de votos en Buenos Aires la exjefa de Estado, hoy con discurso moderado y estudiado, preocupada por la pobreza y mimetizada con reglas de campaña casi macristas, se envalentona con vencer a Cambiemos y provocar un default político a Mauricio Macri. La Casa Rosada aporta lo suyo con errores propios. Veamos:

El presidente está convencido que la votación fallida de ayer servirá como un disparador para marcar dos lados de un mostrador que debe dividir a los republicanos decentes de los encubridores de corruptos. Macri lo ha repetido casi todos los días en los últimos tiempos. Ese razonamiento puede tener su justificación política, pero aunque Cambiemos no lo quiera admitir de alguna forma alimenta una imagen de debilidad política del oficialismo en el Congreso.

La expresidente busca aterrizar en el Senado y dinamitar la mesa de negociación entre el Gobierno y el PJ "racional" que lidera el rionegrino Miguel Pichetto. En las últimas semanas, y ya con la campaña electoral iniciada, esa intención se trasladó a legisladores como José Mayans, vicejefe de esa bancada.

El formoseño, que va por la reelección bajo la espalda del gobernador Gildo Insfrán -en el top tres de los peores mandatarios de las últimas décadas- no dudó en oponerse en pleno recinto a Pichetto, situación aprovechada por el ultrakirchnerismo. En Diputados, en tanto, continuará la oposición plena y con De Vido en su banca.

El Gobierno deberá impulsar, con la derrota de ayer, la mejor manera de "inocular" la victoria moral en electores que dudan aún si votarán en base a su estado financiero actual, su mediano plazo o la necesidad de no sentir los latigazos del kirchnerismo. Esas adhesiones se las pelea el Gobierno a Sergio Massa. Un detalle: meses atrás, con De Vido procesado por doquier, el diputado Pablo Tonelli quiso modificar la cuestión de los fueros y muchos de sus colegas de Cambiemos lo dejaron solo en la comisión. De repente, ese tema quedó chico y la expulsión del exfuncionario pasó a ser una cuestión "trascendental".

Mauricio Macri dio en los últimos días dos definiciones que pasaron semidesapercibidas. Una es que se pondrá la campaña al hombro -si es necesario, disputará con gobernadores "friendly", como ya ocurrió en el caso de Córdoba. La segunda es que bajo ningún aspecto se permitirá comparar el ambiente electoral 2017 con el -por suerte- alejado 2001. Esas definiciones se las adelantó Macri a los radicales en el verano, cuando los invitó a cenar a Olivos y como contó Ámbito Financiero en esa ocasión -consultado por tres fuentes que participaron de ese convite-, pese a la desmentida posterior de la gobernadora María Eugenia Vidal.

En 2001 hubo un default económico que el PJ y el radicalismo lograron sortear desde el Congreso; ahora, el kirchnerismo intenta desde la antipolítica gatillar un default político, desgastar al Gobierno y evitar reformas que necesita el país para activar el crecimiento. Es decir que el lento gradualismo se convertirá en una babosa.

Bajo este panorama, los amantes de un pacto similar al de la Moncloa -por caso, el enigmático asesor sin cargo Ernesto Sanz, miembro fundacional de Cambiemos- deberán ir preparados a una negociación llena de concesiones al PJ y a los gobernadores. La cotización aumentará, pero primero los mandatarios deberán salir de la guarida en la que se escondieron por el temor del regreso de Cristina. La expresidente no volverá al poder en 2017, sino a una banca en el Congreso.

Con la colaboración de Rubén Rabanal

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