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Scioli congeló la creación de bingos: sube el canon
Daniel Scioli respondió, por intermedio de su hermano José (foto), el mensaje de la Iglesia contra la «difusión del juego». Fue parte de la decisión de enterrar el proyecto para crear nuevas salas.
El tiro de gracia -o la excusa perfecta- provino de la Iglesia: la carta pública que monseñor Jorge Casaretto, como titular de la Pastoral Social, envió a los legisladores bonaerenses advirtiendo sobre los peligros de la expansión de los locales de juego.
El motivo real fue otro: Scioli enterró, sin extremaunción, ese proyecto cuando detectó que el costo político no sería amortizado por el beneficio fiscal que supondrían, entre otras ventajas, la ampliación de la cantidad de salas y de máquinas tragamonedas.
Quizá, de todos modos, no resigne del todo la expectativa de recaudar más del juego. Entre los bingueros circula una versión que los aterra: que, necesitado de fondos, Scioli decida incrementar el canon que pagan por las tragamonedas, fijado en un 34%.
En su momento, tan o más ahorcado financieramente, Felipe Solá pretendió elevarlo al 39%. No pudo. Sin los ingresos adicionales que supondrían nuevas salas y más máquinas, Scioli ha comenzado a explorar esa alternativa. ¿Qué cifra temible entrevén los empresarios? Un 40%.
Nostalgias de otros tiempos, con Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, en que tributaban el 11%. Anecdótico, Felipe Solá recuerda que cuando puso el sistema on line, los bingueros le dejaron una frase: «Por primera vez, nos van a dar un recibo por todo lo que ponemos».
Sin ese texto en tránsito, la agenda urgente de Scioli en materia de juego se acota a la prórroga del bingo de La Plata, que explota la firma Codere, que con 14 salas en la provincia controla un 48% del mercado de las máquinas tragamonedas, negocio que facturó en 2007 más de 1.500 millones de pesos.
El expediente para extender esa concesión hasta 2021 está a la firma del titular de Lotería, Luis Alberto Peluso. Ese trámite -por el que la empresa de la familia Martínez debería pagar unos 40 millones de pesos- no requiere la rúbrica de Scioli. «Hablen con Luis», podría decir.
El caso Codere puede funcionar como una experiencia testigo para 2009 cuando vencen otras ocho concesiones y la zona de exclusión de 150 kilómetros en torno al casino de Tigre de la empresa Boldt.
Scioli, en cambio, transitó durante meses en el circuito de las charlas informales hasta que volcó en un papel el esquema imaginado. Sin embargo, nunca llegó a enviarlo a la Legislatura, un territorio donde los empresarios del juego se mueven con soltura.
¿No fueron, acaso, los que lograron que la ley antitabaco bonaerense alumbre, sobre la hora, una excepción particular para que se permita fumar en las salas de juego? Lograron lo que no consiguieron las tabacaleras ni los empresarios gastronómicos.
Con los bingos, el empujón que faltaba lo dio la carta de Casaretto, texto que despertó la veta filosófica de José «Pepe» Scioli, hermano y secretario general de la Gobernación, encargado ayer de responderle al obispo. En épocas on line, un retorno al intercambio epistolar.
«El juego acompaña al hombre desde los orígenes de la civilización y causa estragos cuando en forma ilegal se utiliza para enriquecer a unos pocos y sumir en la miseria -material y moral- a miles de hombres y mujeres, inclusive familiar», argumenta «Pepe».
Nada dice, en cambio, sobre el plan de creación de nuevos bingos. Lo sugiere cuando, en un espadeo sutil, advierte que Casaretto no hizo «ninguna insinuación del juego legal». Aprovecha para recordar coincidencias entre Iglesia y Scioli: contra el aborto, se sobreentiende.
La contestación, medida y respetuosa, fue menos efectiva que la que no figura en ninguna acta: el degüelle, siquiera por ahora, del proyecto de expansión.


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