28 de septiembre 2009 - 00:00

Scioli, el ensayo fiscal y la teoría ‘‘dos más cuatro’’

Daniel Scioli, Néstor Kirchner, Florencio Randazzo, Julián Domínguez
Daniel Scioli, Néstor Kirchner, Florencio Randazzo, Julián Domínguez
A los tumbos, cruzado por la incógnita sobre el dibujo final, Daniel Scioli atravesó el trámite de aprobación de la reforma fiscal bajo el fuego de los chacareros. Su apuesta fue casi personal: puso a prueba, como nunca antes, hasta dónde lo acompañará el PJ bonaerense.

La aventura del paquete impositivo tuvo, para el gobernador, una doble impronta: ensayar prematuramente cómo se comportarán los bloques cuando gire el Presupuesto 2010, sobre todo los aliados, y rastrear, desesperado, posibles recursos fiscales siempre escasos.

En el último mes, esos dos frentes -el político y el fiscal- se fusionaron en uno, por mandato de Néstor Kirchner, cuando padeció la demora intencional del envío de fondos de la Casa Rosada y estuvo a 48 horas de tener que desdoblar el pago de los salarios.

Fue y vino. La trabajosa aprobación en el Senado, donde ardieron por concesiones que hizo Diputados -por caso, exceptuar a Tres Arroyos para que Pablo Garate, un proto K ahora díscolo, diera quórum- amagó con volverse inútil con el llamado al campo.

Esa misma noche, el vicegobernador, Alberto Balestrini, tuvo que repetir tres veces, ante un grupo de dirigentes, que Scioli seguirá como gobernador. Por las caras de desconfianza tuvo que potenciar el peso de sus palabras: «Si Daniel se va, yo me voy con él».

La profundidad de las correcciones que se hagan al proyecto, a través de la comisión especial, deberán medirse en cash pero, sobre todo, en actitud. A priori, los chacareros aceptaron «garantizar» que las reformas le permitirán a la provincia la recaudación prevista.

En 2009, por el Inmobiliario Rural se obtendrán 536.600 pesos; con la revaluación, que en algunos casos es del 128% y en otros del 20%, los ingresos proyectados para 2010 son de 706.900 pesos. Son 170 millones: un soplido en un presupuesto de 45 mil millones.

Pedro Apaolaza, de CARBAP, y Guillermo Guianazzi, de FAA, se fueron con la promesa de volver con una contrapropuesta. En un aparte de la mesa, le soplaron que un incremento uniforme de entre el 30% y el 35% -con la salvedad de los exceptuados por sequía- permitiría llegar a la pauta prevista.

Así y todo, debajo de esa hojarasca hay un capítulo más sensible. La revaluación de los campos, además de incidir sobre el monto del Inmobiliario Rural impacta sobre otro segmento tributario que regresa, tarde y desgajado, a la caja provincial: Bienes Personales.

Así como Balestrini se despega de cualquier conspiración y juramenta que no hay horizonte posible de fugas, Scioli intenta apagar esos murmullos de pronto final con pronósticos de largo aliento. Alberto Pérez vocea, para eso, la teoría del «dos más cuatro». Traducción: completar los dos que le quedan más reelegir por otros cuatro.

El proyecto de «ocho años», aquel que anunció el jefe de Gabinete apenas llegó a La Plata, necesita un lifting luego del 28-J y una reconfiguración que lo enlace a la gestión: un plan de gestión y reforma de seis años de duración, como el quinquenal de Perón.

Un renglón de ese esquema será portuario. Fue el otro frente que animó la tempestad de la reforma fiscal. Se hará una nueva escala para garantizar ingresos por 350 millones de la actividad portuaria. Fue lo que la provincia aportó en 2009, mientras recaudó 170 millones.

En el hervor de esos asuntos, entre las picardías de hacer posar a Eduardo Buzzi y Eduardo Llambías bajo las imágenes de Juan y Eva Perón, la numerología de Rafael Perelmiter, más bonaerenses se entreveran en otros asuntos que los lleven lejos de la provincia.

Cristina de Kirchner regresó ayer y se espera que en estas horas resuelva el intríngulis de Agricultura. De larga despedida, la semana pasada Carlos Cheppi pasó a saludar por las oficinas que, se rumorea, Julián Domínguez ocuparía antes del fin de semana.

Pero hay sacudones. La mención del cordobés Eduardo Acastello pareció, al principio, una diablura de Florencio Randazzo -que le mandó un SMS con un mensaje «Bienvenido a la jungla»- pero luego se detectó la mano de Guillermo Moreno, que se resiste a un «ministro» agrario de perfil alto.

Perdió «fierros» con la llegada de María del Carmen Alarcón, la mensajera de Aníbal Fernández, y se inquieta ante la llegada de un funcionario que, además de ministro, extienda sus dominios hasta la apetecible caja de subsidios de la ONCCA, que acumula 2.000 millones.

El episodio, en el tramo final, sumó otro chispazo: se atribuye a Domínguez haber puesto condiciones que, no por las mismas sino por el gesto, Olivos desechó. «No pude haber pedido nada porque no me ofrecieron nada. Es un rumor periodístico», le dijo Domínguez a este diario.

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