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Scioli, el riesgo de ser su propio jefe
Daniel Scioli y Mauricio Macri, en 2013, en un encuentro durante una cena. Viejos conocidos, el domingo ponen en juego modelos de mando: el bonaerense debuta como jefe; Macri debe aprender.
A 18 años de su ring iniciático, Scioli estrenó en la previa del 9-A otro oficio político: fue, por primera vez, su propio jefe. Desde que el 16 de junio pasado Cristina de Kirchner lo bendijo como candidato único del planeta K y le estampó a Carlos Zannini como vice, Scioli se sumergió en una atmósfera inédita en su vida política: decidir, sin temor a castigos o destratos, qué decir, qué hacer, con quién pactar y a quiénes elogiar.
Fue, en esta breve temporada, su dueño: se rodeó de peronistas ortodoxos, se juntó con despreciados por Cristina -como Juan Carlos "Chueco" Mazzón, a quien sumó a su mesa chica- y, en una osadía con rango de herejía K, elogió a Carlos Menem, el riojano más odiado por los Kirchner.
Ningún K levantó la voz. Cristina se apartó de la campaña, le soltó la rienda, dejó que diseñe según su exclusivo criterio el discurso, los spots, el tono y el mensaje de la campaña. Su máxima intromisión fue citarlo a Olivos, mencionar a Zannini y avisarle que Randazzo no estaría en la grilla presidencial. En ese mismo instante lo liberó.
Desde entonces, la Presidente luce distante, quizá en exceso, del candidato que ella seleccionó pero que está formateado, con sus rasgos, como continuador K. Parece, incluso, desentenderse del destino de ese dirigente que, según Néstor Kirchner, integró La Trinidad electoral del peronismo K.
"Daniel sabe de campañas, conoce y lo hace bien", dijo, tres semanas atrás, el "Chino" Zannini, cordial hasta la sospecha con la jauría de sciolistas que lo palpita como el huevo de la serpiente. "Bien, Zannini, conciliador", se despidieron, ese mediodía, ministros y operadores en la fundación DAR, el búnker pepista, con ganas de creerse sus palabras.
Ayer, como anticipó Ámbito Financiero el lunes, Scioli cerró su campaña sin Cristina y como único orador: a Zannini, el pasajero ultra K, la reserva de identidad, le tocó un sitial secundario, en algún punto accesorio. Aníbal Fernández fue con Martín Sabbatella más amigable, y le dio más protagonismo que Scioli a su vice.
El domingo, cuando pasada la medianoche se perfile la tendencia de la Primaria, Scioli será responsable del éxito o el fracaso. Cristina le despejó el camino de una interna que podía resultar sangrienta, pacificó a los lobos hiper K y lo dejó hacer y deshacer a su absoluto antojo. Al desentenderse, la Presidente le transfirió también la cuenta política donde debitar un eventual tropiezo electoral. En las últimas horas, Scioli recibió un sondeo que lo ubica más cerca de inquietantes 37 puntos que del deseado 40%. Dentro de ese rango -hay que medir el voto blanco, que hace bajar los porcentajes en la Primaria, para tener el número real- el resultado es saludable. Debajo de 37, Scioli debería rezar para que Sergio Massa sobreviva al domingo y retenga a Mauricio Macri en los 30 puntos para ganar en primera vuelta con la cláusula Menem-Alfonsín: arriba del 40% a 10 puntos del segundo.
El score del domingo, si es menos luminoso de lo imaginado, puede habilitar el pánico en el PJ y el derecho a objeciones de los clanes kirchneristas, hasta de Cristina. Puede, si se da esa contingencia, asomar el primer factor de tensión interna peronista, entre la Presidente que se va y el presidente que quiere llegar.
El aporte de Cristina fue hacer lo que pedía el peronismo: nominar al más competitivo, como expresión de su voluntad de jugar a ganar, para dinamitar el murmullo hiriente de que, sin heredero propio, podría montar una remake de la emboscada que Menem le hizo a Eduardo Duhalde en 1999.
Lo contrario, un resultado cercano al 40%, que se traduzca como la antesala de un inexorable triunfo de Scioli en primera vuelta, Cristina y La Cámpora lo leerán como la obvia consecuencia del envión K y quizá si eso ocurre Cristina aparezca en el Luna Park. La lectura previa en el kirchnerismo es brutal: si el número es malo, la culpa es de Scioli, no del hartazgo ni de la economía; si es positivo, será la consecuencia del pasado acumulado aunque no haya, en el 95% del país, un candidato con el apellido Kirchner en las boletas del FpV.

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