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Scioli, ensayo para un pacto con la UCR
Federico Storani
La designación de Rodrigo, hasta ahora senador, es la expresión concreta de un ensayo que Daniel Scioli, a través de los Albertos, Pérez y Balestrini, ensaya con el radicalismo. Una remake de la histórica empatía que, por años, alimentó Eduardo Duhalde con la UCR.
El desembarco de Rodrigo en el BAPRO, tras un lustro sin radicales en el directorio, aparece como la cláusula visible de un pacto de gobernabilidad por el que la UCR, que unificó bloque con el cobismo, acompaña «críticamente» la gestión sciolista.
Con más fortuna que Cristina de Kirchner, Scioli consigue que los radicales no sólo le prometan algún nivel de acompañamiento, sino que, a diferencia de lo ocurrido en el Congreso Nacional, ningún opositor jamás planeó seriamente disputar la jefatura legislativa.
Eso, a pesar de que, el 10 de diciembre, el oficialismo tendrá apenas 35 diputados sobre 92 y 19 senadores sobre 46. Lo que la UCR, por sí misma, le puede arribar en ambas cámaras, podría hipotéticamente darle a Scioli garantías de aprobación de algunas leyes clave.
Como Rodrigo, otro radical, Marcelo Honores -un moroísta sui géneris- también se garantizará un empleo para cuando deje la Cámara: será, seguramente antes de fin de año, designado como adjunto del defensor del pueblo bonaerense, detrás del alakista Carlos Bonicato.
Quizá, en las próximas horas, se destrabe otro reclamo radical para que se modifique la Carta Orgánica del BAPRO para crear dos cargos más llevando de ocho a diez el directorio, para que dos butacas estén destinadas para la oposición. Es la única luz que le queda a Larraburu.
El martes pasado, este diario relató el primer capítulo de esta historia cuando se confirmó que, por pedido de Kirchner, Carlos Fernández sería designado en el BAPRO. Por entonces, se contaron las brumas en torno a Larraburu y se perfiló la opción de un radical.
Hubo, en esta semana, avances y retrocesos. Los Albertos, Pérez y Balestrini negociaron con Federico Storani, Leopoldo Moreau y los jefes de los bloques legislativos, entre ellos Jesús Porrúa, a quien primero se le ofertó el lugar que ocupará Rodrigo.
Por esas horas sonó otro teléfono. «Dámaso: tengo que darles tu lugar a los radicales», le avisó Scioli al bahiense que, en ese momento, cerró el teléfono y desechó, por ahora, las invitaciones belicosas que le arrimaron, entre otros, Eduardo Duhalde.
Alguna espina en el camino puso Florencio Randazzo. El ministro tiene una antigua inquina con el bahiense a quien, como compensación menor, el gobernador le ofreció designarlo al frente de la Autoridad del Agua.
El retorno, luego de un largo reinado del PJ -que dedicó cada casillero del inmenso organigrama bonaerense a saciar sus internas feroces-, de radicales al BAPRO promete, pero no garantiza, que la UCR sostendrá a Scioli en instancias puntuales.
La semana pasada, luego de aceptar un menú de retoques, la UCR votó la reforma política que impulsó el PJ. Fue una señal. Pero la mesa radical -que tiene como única instancia formal el comité que comanda un solitario Daniel Salvador- prepara más pedidos.
De fondo, aparece una inquietud propia de los radicales que se ufanan de tener un potencial presidente pero carecer, hasta ahora, de un candidato a gobernador con chances propias. La idea de construir esa figura será, en algún momento, incompatible con el acompañamiento crítico a Scioli.
Puede celebrar el peronismo -y el gobernador en particular- que la UCR todavía no encontró a esa figura. Hay, eso sí, pretensiosos. Margarita Stolbizer es la más obvia pero se resiste, todavía, a retornar a la UCR, algo que Julio Cobos está dispuesto a hacer.
Con algún nivel de cercanía con el Gobierno -preserva a su hombre en el ansiado CEAMSE-, Ricardo Alfonsín promete que un día (y se refuta la semana siguiente) se concentrará en la provincia.
En silencio, con calma, empieza a aparecer una tercera figura: Gustavo Posse, que se dice tiempista, está encerrado en su distrito pero prepara, minucioso, su lanzamiento provincial. Contribuyó, por ahora, al entendimiento con Scioli: su hombre en la Plata, Roberto Costa, logró el ok de los demás sectores para ir como vice segundo del Senado.


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