16 de marzo 2009 - 00:00

Scioli se nutre del duhaldismo residual

El operativo esperaba el visto bueno de Daniel Scioli desde la semana pasada, pero recién el jueves autorizó la incorporación de Eduardo Camaño como ministro, jugada que revela el esqueleto de un armado que tiene al duhaldismo residual como principal afluente.
El desembarco del ex duhaldista Camaño como ministro de Gobierno -hoy mandan el proyecto para dividir la Jefatura de Gabinete que comanda Alberto Pérez- es, en rigor, la maniobra más visible de un apuesta más global y pretenciosa: acarrear hacia Scioli a sectores del PJ disidente.
Es un doble juego: ensanchar el armado propio, aunque tributario de Néstor Kirchner, y disminuir la construcción del PJ disidente. Con eso, Scioli decide abrir una ventanilla del FpV, pero con una marca particular respecto del esquema puro del kirchnerismo.
Alberto Pérez fue el artífice de la llegada de Camaño y, como parte de esa avanzada, operó en otros frentes: hay una vía de diálogo con Carlos Ruckauf, intervino en la sciolización del PRO disidente, tienta a peronistas críticos y recolecta a vecinalistas.
Sin embargo, Pérez se despega de la idea de que esas incorporaciones sean interpretadas como los aprestos iniciales de un armado sciolista, como de la mancha venenosa.
-El gobernador quiere, en esta etapa, ampliar la base de sustentación política para sostener la gobernabilidad -le dijo anoche a este diario.
-¿No se trata de la construcción de un espacio propio, con sello sciolista?
-Se trata de una construcción provincial que acompaña el proyecto nacional.
Expansión
En La Plata se espera un trámite rápido en la reforma de la Ley de Ministerios para separar Gobierno de Jefatura de Gabinete y darle a Camaño chapa y oficina. Sobre el quilmeño, que fue ladero de Roberto Lavagna, recae la tarea de «construcción» en el conurbano.
Es una grilla más amplia que tiene a Isidoro Laso, encargado del mapeo de concejales y dirigentes territoriales, y a Juan de Jesús al frente de la «división» interior. Camaño, que dejará una oficina nacional, llega para enfocarse sobre el Gran Buenos Aires.
En esencia, el objetivo es imantar al peronismo díscolo, que tomó distancia de la Casa Rosada en los últimos meses y que no vieron con buenos ojos -o que les reduce el espacio- la fusión de Felipe Solá y Francisco de Narváez con el porteño Mauricio Macri.
Hay un caso testigo: el de Jorge Villaverde, que se apartó del FpV, creó un unibloque en Diputados y participó de los movimientos iniciáticos de la ruptura de Felipe Solá. Es probable que al dirigente de Brown le empiece a sonar el celular con llamados desde La Plata.
Diálogo
Quien ya estableció diálogo fluido es Ruckauf, que aprovechó el verano para lanzar su candidatura a diputado junto con Daniel «Chicho» Basile. El ex canciller -que también fue gobernador- opera como una versión silvestre del sciolismo. Sigue, igual, esperando un puesto en el exterior.
Pero no todo es peronismo. No fue ajeno Pérez a la rebeldía de los PRO contra el pacto Macri-Solá-De Narváez. Se enfocó, además, en el vecinalismo: Gustavo Pulti, intendente de Mar del Plata, también forma parte del dispositivo Scioli en una playa en la cual gravita la figura de Guillermo Vilas.

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