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Scrum K para “vengar” la 125 y seducir a Cristina
Cristina de Kirchner lanzó la Corriente Agraria Nacional y Popular (CANPO) ayer en el Luna Park junto al ministro de Agricultura, Julián Domínguez, y el coordinador nacional de la agrupación, Guillermo Martini, además de gobernadores, ministros y funcionarios de primera línea que le pidieron su reelección.
Fue, ayer, Cristina de Kirchner quien se colgó esa medalla: un Luna Park repleto, identificado -con rigor o no- con sectores agropecuarios ligados al Gobierno y, sobre todo, un scrum K reconstruido luego de padecer, por aquella guerra gaucha, fugas y secesiones.
El despliegue, montado por el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, persiguió el propósito de «vengar» el daño que la Mesa de Enlace, masivamente respaldada por productores y poblaciones rurales y urbanas, les produjo a los Kirchner tras la 125.
El show -planeado para el 29 de octubre pasado, en Mar del Plata, con Kirchner como orador central- trató, simbólicamente, de clausurar el capítulo de las retenciones, episodio que engendró, además, la derrota electoral del 28 de junio en Buenos Aires.
Y, en la misma andanada, reforzó la contraofensiva iniciada con las inspecciones de la AFIP en explotaciones con mano de obra esclava: reclamó al Congreso que analice el proyecto para modificar el marco jurídico de protecciones laboral para los peones de campo.
Misil para las cerealeras y, además, para Gerónimo «Momo» Venegas, jefe de UATRE y responsable durante años del Registro Nacional de Trabajadores Rurales (Renatre), butaca donde lo sentó Eduardo Duhalde, ideólogo de la libreta rural que marcó la expansión de UATRE.
El impacto de la 125 y la posterior y encarnizada pulseada con el campo parieron años después la Corriente Agropecuaria Nacional y Popular (CANPO) y gestaron, descontadas las bajas y deserciones, la configuración política del kirchnerismo actual: fue, por caso, el instante político en el que Martín Sabbatella y parte de la CTA tomaron, subidos al ring, postura a favor del Gobierno.
Ayer, de hecho, tanto el diputado de Morón como columnas ceteístas -que, de paso, escracharon a Mario Vargas Llosa- participaron del encuentro mezclados con gobernadores del PJ como Daniel Scioli y Gildo Insfrán (Formosa), figuras que el sabbatellismo combate públicamente.
Esa diversidad política, ilustrativa de los matices -a veces profundos- dentro del universo K, se reunió ante la presencia de la Presidente, que eligió ese tema como segunda aparición estrictamente política, luego del acto de la Corriente Nacional de la Militancia (CNM) en Huracán, tras de la muerte de su esposo.
No pudo, de todos modos -quizá tampoco era necesario-, mostrar la claudicación de sus enemigos de entonces, operativo que se pergeñó en los últimos meses y se concretó con la implosión de la Mesa de Enlace, sobre todo a partir de las diferencias entre la Federación Agraria de Eduardo Buzzi y la Sociedad Rural de Hugo Biolcati.
Ayer, en el Luna Park, aunque había expresiones aisladas de productores del interior, no se mostraron -al menos claramente- vertientes organizadas de chacareros. Participaron el gabinete casi en pleno, gobernadores, intendentes, legisladores y funcionarios menores.
El toque campero quedó a cargo del Chaqueño Palavecino -alguna vez, por operaciones de tierras, blanco móvil de la AFIP-, quien le dedicó una canción a la Presidente.
Hubo dos cruzadas kirchneristas que ensamblaron a sectores antagónicos: la pulseada con el campo y, luego, la ley de medios. No es casual, por eso, que Domínguez y el titular del ex COMFER, Gabriel Mariot-to, aparezcan en el radar de las bendiciones de Cristina.
Esos dos funcionarios, aunque Cristina no dice nada y sugiere poco, aparecen en el imaginario kirchnerista como los dos dirigentes mejor rankeados para convertirse en el vice de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, camino a la elección de octubre.
Ese argumento se sostiene en que son las caras visibles del Gobierno en aquellos dos asuntos hipersensibles y fueron, además, operadores de esas avanzadas. No falta, en Casa Rosada, una distinción: Mariotto piloteó lo peor de la tormenta; Domínguez asumió cuando el temporal rural estaba amainando.
El dirigente de Chacabuco no ahorró ayer ningún halago hacia la Presidente. En busca del toque mágico, confesó -leyendo- que se pellizcaba para comprobar su suerte de atravesar este momento histórico.
El guiño de Cristina fue simbólico. Estuvo presente, fue elogiosa con el ministro, pero -como suele hacer- eligió el discurso genérico, sin personalismos.


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