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Se avecina un juicio polémico por el 11-S
La cárcel ya ha acogido a otros presuntos terroristas. De hecho, tal y como explicó Eric Hoestler, asesor de Madoff, el mayor estafador de la historia de Wall Street se despertaba todos los días a las cuatro de la mañana con los alaridos de cuatro presuntos terroristas islámicos que rezaban a voces en grito.
Esos mismos rezos volverán a escucharse en las próximas semanas, una vez que Jalid Sheij Mohamed, el cerebro de los atentados contra Nueva York y Washington, y cuatro de sus cómplices, sean trasladados de Guantánamo al Centro Correccional, donde, al igual que Madoff, pasarán al menos 23 horas al día incomunicados mientras son juzgados. Allí vivirán mientras se celebra «el juicio del siglo», en palabras del fiscal general de EE.UU. (ministro de Justicia) Eric Holder.
Organizar ese juicio no va a ser fácil. El problema más obvio es encontrar a 12 hombres y mujeres que no hayan oído hablar del 11-S. El sistema legal estadounidense exige que los miembros de un jurado popular no sepan nada de los crímenes que van a juzgar. Pero en este caso, esa condición parece imposible de cumplir.
Hay más problemas. Jalid Sheij Mohamed ha mostrado en Guantánamo una excelente capacidad para la propaganda. Pese a las palizas, sodomizaciones simuladas, 183 falsos ahogamientos y meses de aislamiento en una cárcel secreta en Polonia, el cerebro del 11-S ha convertido las vistas orales de la comisión militar -el sistema legal creado por EE.UU. para juzgar a los presos de Guantánamo, y que sólo ha generado tres condenas- en oportunidades para lanzar mensajes.
Mohamed tiene capacidad de liderazgo y ya es el jefe de los principales encausados por el 11-S, a los que ha convencido de que adopten una línea dura en sus comparecencias ante los jueces. Si lo ha logrado en Guantánamo, en Manhattan puede convertir el juicio en un circo.
Queda, además, la cuestión de cómo juzgar a cinco personas que han sido torturadas hasta la saciedad. Para evitar ese problema, el FBI ha establecido un mecanismo surrealista: volver a interrogar a los presos, ahora sin apalearlos. El sistema ha funcionado. Y además hay múltiples evidencias -empezando por las afirmaciones de Mohamed y uno de sus cómplices, Ramzi Binalshibh, a la cadena Al Yazira- de su implicación en el 11-S y en otros atentados. Pero cualquier abogado espabilado sabe que puede usar el argumento de las torturas para tratar de tumbar cargos contra su defendido. Así, el juicio del siglo corre el riesgo de convertirse en el circo del siglo.


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