5 de mayo 2011 - 00:00

Se reabre en Brasil el drama de los inmigrantes

Luiz Inácio Lula da Silva
Luiz Inácio Lula da Silva
San Pablo - El camino tortuoso y de sufrimiento para muchos inmigrantes en Brasil no terminó con la anhelada amnistía sancionada en julio de 2009 por el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, y el comienzo de otro trasegar borrascoso, el de superar la invisibilidad social y las barreras xenofóbicas, empieza ahora a trazar otra etapa de sus vidas.

La organización católica Pastoral del Inmigrante considera que la «invisibilidad social» de los inmigrantes extranjeros en la mayor metrópoli brasileña, asumida para evadir cuestionamientos y persecuciones, llevó a la comunidad brasileña a no percibir la existencia de este numeroso grupo humano. «La amnistía es una puerta que se abre a aquellos que se encuentran en la invisibilidad social por no contar como nacionales, pero es sólo una puerta», opinó el texto de una reflexión sobre la amnistía elaborado por la pastoral y la Universidad del Estado de San Pablo (UNESP). Después de conceder en 1998 una regularización de los inmigrantes indocumentados, la nueva amnistía no resolvió los problemas de la comunidad extranjera en Brasil.

«Por su clandestinidad, los inmigrantes ilegales no participan de la sociedad civil. Pero los documentos no bastan. Ahora afrontamos el problema de la falta de espacios sociales para su plena integración», dijo en entrevista con Ámbito Financiero el sacerdote Mario Geremía, coordinador de la Pastoral. El religioso recordó que los espacios para reunión y esparcimiento de los inmigrantes se limitan a plazas públicas como la de Kantuta, a la que acuden los domingos los miembros de la comunidad boliviana en San Pablo, la mayoría trabajadores de la confección clandestina textil, en condiciones similares a la esclavitud. Según la Pastoral, por su segregación social el inmigrante extranjero se convierte en la «nueva cara de la pobreza en el mundo contemporáneo».

La integración posterior a la amnistía concedida a los extranjeros ilegales en Brasil debe ser «plena», como considera el texto de la ley que la regula, comentó a este diario el abogado internacionalista peruano Grover Calderón, presidente de la Asociación Nacional de Extranjeros e Inmigrantes en Brasil (ANEIB). De acuerdo con la organización, la inclusión en el seguro social, los derechos de previsión social, la facilidad para abrir cuentas bancarias y tramitar la licencia de conducción y el amparo de la Justicia laboral fueron las principales reivindicaciones de los extranjeros en su pedido de amnistía. «Ahora estamos trabajando para lograr el derecho al voto municipal. No es justo que tributando no podamos participar en las decisiones de las ciudades en las que vivimos. Nosotros tenemos mucho para aportar», relató Calderón.

El jurista negó que los datos de un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el que el 43% de los brasileños es favorable a restringir o prohibir la entrada de extranjeros al país, hayan sido motivados por la promulgación de la amnistía. «Eso se debe fundamental y básicamente a la reciprocidad con los países que maltratan a los brasileños, pues frente a la amnistía hay un silencio generalizado, sin manifestaciones de rechazo, que se puede interpretar como favorable. El 57% de los brasileños es favorable porque Brasil es un país de inmigrantes», subrayó Calderón. Una posición similar expresó Geremía, para quien las muestras de xenofobia se deben a la exigencia de un «trato recíproco con los cinco millones de emigrantes brasileños, número bien superior al de nuestros inmigrantes. El racismo no ayuda y el otro argumento, que es el del trabajo, no se justifica, pues no es verdad que los extranjeros vengan a Brasil a quitarles puestos de trabajo a los brasileños. El trabajo es un derecho universal», añadió el presbítero. La justificativa de que la amnistía fue concedida para beneficiar a comerciantes chinos también fue rebatida por Calderón. «A lo mejor se pensó en el 5% de comerciantes chinos, pero lo que más importa es que otro 95% de chinos, que vivían explotados y excluidos en la clandestinidad, y otros miles de extranjeros de muchas nacionalidades recibieron la protección y la garantía de los derechos humanos con la amnistía», respondió el titular de la ANEIB, entidad que calcula que unos 45.000 inmigrantes ilegales se beneficiaron con la ley.

Fuera de la amnistía quedaron los extranjeros con estatus de refugiados o asilados políticos, que afrontan también problemáticas similares a las del resto de inmigrantes.

En 2002, después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, que endurecieron las políticas inmigratorias en ese país y en Europa, 1.035 extranjeros pidieron refugio en Brasil, que acogió sólo al 10%, cantidad que aumentó cuando la intensificación del conflicto colombiano y los problemas en Haití.

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