13 de octubre 2015 - 00:00

Serán ochenta minutos a matar o morir

 El primer objetivo de estos Pumas versión 2015 ya se cumplió. Hoy el rugby argentino exige, y el rugby mundial pretende, que Argentina llegue como mínimo a cuartos de final. Vale decir que estuvo en un grupo que le aportaba cierta seguridad de que esto sucedería ya que el único escollo era el que aparecía en el partido inaugural: caer contra los All Blacks está dentro de la lógica histórica de enfrentar a un país contra el que no se ha ganado nunca. Aún.

Vinieron los triunfos contra Georgia, Tonga y Namibia, cómodos desde el resultado que colocó a los argentinos como el equipo con más cantidad de puntos anotados en la primera ronda. Se ganó bien cada uno de estos partidos, intentando desplegar un juego abierto, entretenido pero eficiente. Los wings fueron siempre protagonistas: Santiago Cordero, Juan Imhoff, Tute Moroni y Horacio Agulla la tocaron, avanzaron y se divirtieron. Cordero contra Georgia y Agulla ante Namibia fueron elegidos oficialmente como los mejores jugadores de cada partido.

En el horizonte aparece ahora un Irlanda que desde hace un par de temporadas se ha convertido en el mejor de Europa. El domingo le ganó a Francia para asegurarse terminar primero en su grupo y sellar un nuevo enfrentamiento mundialista contra Los Pumas. El premio para el que gane será un lugar entre los cuatro mejores del mundo y será una batalla sin igual.

La historia entre estos dos equipos se remonta, cuando de mundiales hablamos, a 1999 cuando en una fría noche de Lens, en el norte de Francia, Los Pumas ganaron con base en una locura defensiva sin igual lo que era una especie de octavos de final (con un formato distinto de torneo) quedando por primera vez entre los ocho mejores y marcando el nacimiento de la "puma-manía".

La revancha tardó cuatro años y en Adelaide, Australia, fue triunfo irlandés por un solitario punto, enviando a Argentina de regreso al país sin pasar la fase de grupos. Cuatro años más tarde en una gloriosa tarde parisina, en lo que fue el mejor partido en muchos años, Los Pumas controlaron a unos irlandeses que se quedaron sin respuestas ante un equipo argentino que regresaría a casa con la medalla de bronce en el pecho.

Es imposible comparar ambos equipos argentinos, pero esta versión 2015 puede emular los logros de la de 2007. Primero deberá superar el escollo de un Irlanda que cree que le ha llegado el turno de jugar por primera vez en su historia en semifinales. Frente a Francia perdieron a su capitán Paul O'Connell y está en dudas el apertura Jonny Sexton, ambos clave en el funcionamiento irlandés. En el equipo argentino, salvo una lesión muscular de Juan Manuel Leguizamón que debería estar recuperada a tiempo y la baja por suspensión del segunda línea Mariano Galarza, Daniel Hourcade cuenta con un plantel completo para elegir a su quince inicial.

Desde el partido con los All Blacks hace tres semanas que Los Pumas no enfrentan un rival de este nivel, es cierto. Pero de la misma manera llegan en condiciones físicas, técnicas y anímicas óptimas para soñar con el pasaje a la semifinal. A partir de ahora son, como venimos diciendo desde que se anunció el fixture mundialista, ochenta minutos a matar o morir.

(*) Desde Cardiff

Dejá tu comentario