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Si la política lo permite, el Colón regresará a pleno
La reapertura del Colón durante los festejos del Bicentenario fue, acaso, el evento cultural de mayor trascendencia en 2010. Se aguarda aún el anuncio de la cartelera para el año próximo, algo que está atado a la resolución de conflictos sindicales.
por conflictos en torno a él. Tras tres años y medio de cierre por reformas y rumores de todo tipo que se echaron a correr en ese lapso (desde que estaba completamente destruido hasta que la reapertura sería sólo por un día), el edificio de la calle Libertad abrió sus puertas oficialmente el 24 de mayo, en una gala con menos brillo artístico del esperado, pero con los resultados de una obra arquitectónica y restaurativa monumental. A Pedro Pablo García Caffi le tocó el honor de ocupar el centro de la escena en esa circunstancia, pero también estar en el fuego cruzado de luchas internas y hacer frente a las consecuencias de medidas drásticas tomadas durante su gestión, como la eliminación y fusión de algunas dependencias y la tercerización de determinados servicios.
El primer conflicto serio después de la reapertura tuvo lugar en junio, cuando se debió postergar el estreno y levantar cuatro funciones del primer espectáculo del Ballet Estable en la sede, «Manon» de Kenneth Mac Millan (una extraordinaria producción en lo coreográfico y lo escénico), por protestas del personal técnico. Más cerca en el tiempo, nuevas medidas de fuerza determinaron que el 28 de septiembre debiera cancelarse la última función de «Katia Kabanova» (con régie del mismo García Caffi) con el público ya en la sala, que el concierto planificado por la Filarmónica de Buenos Aires con la cellista Sol Gabetta fuera suspendido poco antes de la hora prevista, el jueves 4 de noviembre, y que se levantaran las dos últimas producciones del Ballet: «El corsario», con Paloma Herrera y Marcelo Gomes (octubre-noviembre), y «La bayadera», con Alina Cojocaru (diciembre).
La temporada lírica del Colón transcurrió con menos sobresaltos que la del Ballet, y con un nivel artístico no siempre impecable. Entre las producciones se destacaron la «Manon» de Jules Massenet (original de la Chicago Lyric Opera) y el doble programa integrado por dos estrenos locales: «Una tragedia florentina» de Zemlinsky y «Violanta» de Korngold. La Filarmónica protagonizó algunos de los acontecimientos musicales del año (como la «Tercera sinfonía» de Mahler y los conciertos con los pianistas Jean-Yves Thibaudet y Nelson Freire) y estrenos importantes, pero también debió sufrir cambios en sus programas, amén de la citada cancelación del concierto de Gabetta. Por su parte, la designación de Eduardo Ihidoype al frente del Instituto Superior de Arte trajo aparejado un saludable cambio de aire, una reformulación de planes, carreras, plantilla de profesores y la creación de una Academia Orquestal.
Gran éxito (en cuanto a los resultados artísticos y a la afluencia de público, pese a sus altos precios) tuvo el Abono Bicentenario, que trajo a Yo-Yo-Ma, András Schiff, los hermanos Tiempo y Lechner, Zubin Metha (con la asombrosa violinista japonesa Mayuko Kamio) y la Filarmónica de Munich, y una visita que hizo historia: los cuerpos estables del Teatro Alla Scala de Milán dirigidos por Daniel Barenboim.
Fue justamente Barenboim la figura que durante las semanas que pasó en Buenos Aires eclipsó prácticamente todo el resto de la actividad musical. La integral de las sinfonías de Beethoven que brindó para el Mozarteum junto a su West-Eastern Divan Orchestra, su multitudinario concierto en la 9 de Julio, la ya mencionada actuación con la Scala en «Aïda» y el «Requiem» de Verdi y dos presentaciones a precios populares (en el Colón y el Gran Rex) fueron la maratónica e inolvidable forma que este maestro de la música y de la paz eligió para celebrar los sesenta años de su debut como pianista en esta ciudad.
Al cierre de esta nota los conflictos gremiales en el Colón aún no se hallaban resueltos, y en tales circunstancias el Teatro no ha dado anuncios oficiales sobre su temporada 2011, si bien García Caffi había brindado en abril algunos indicios, como la producción de «Le grand macabre» de Ligeti por La Fura dels Baus.
En la capital de la provincia de Buenos Aires el Teatro Argentino llevó adelante sin sobresaltos su temporada de ópera, ballet y conciertos. Para atesorar en la memoria: las figuras internacionales de Natalia Krieslina, Sabina Puértolas, Flavio Oliver, la «Lady Macbeth de Mtsensk» de Shostakovich que abrió la estación en una gran puesta de Marcelo Lombardero (responsable del Teatro), el programa argentino con «Ainadamar» de Golijov y «Estancia» de Ginastera y, especialmente en lo musical, el «Giulio Cesare» de HTMndel dirigido por Facundo Agudín. También la «Sinfonía de los Mil» de Mahler, estreno en esa sala, muy bien llevada adelante por el joven Alejo Pérez y los cuerpos estables.
La gestión de Lombardero logró un mayor nivel de actividad y una expansión a todo nivel (dando impulso al Opera Studio, la temporada de cámara, el propio centro de experimentación) y en los últimos días presentó como novedad la creación futura de la Escuela de Arte y Oficios para capacitar a jóvenes y desocupados en profesiones relacionadas con la actividad teatral: iluminación, caracterización, sastrería, realización escenográfica, etcétera. También hubo marcadas diferencias con el Colón en cuanto a producción y política de recursos humanos y materiales, y para muestra basta el botón de la cámara acústica para conciertos sinfónicos: mientras el teatro porteño importó una lujosa estructura, el Argentino presentó una mucho más austera, pero hecha íntegramente en sus talleres.
El paro de trabajadores de ATE decretado a principios de noviembre también motivó que se cancelara el anuncio de la temporada 2011 del Argentino, de la que trascendieron extraoficialmente algunos títulos fuertes como Don Carlos de Verdi (con la acertada decisión de brindar la versión francesa) y Tristan und Isolde de Wagner.
NOVEDADES
Las dos grandes asociaciones de ópera independientes, Juventus Lyrica y Buenos Aires Lírica, hicieron que el Teatro Avenida siguiera manteniéndose como la alternativa (y también el complemento) a los teatros oficiales. Juventus incorporó algunas novedades en el 2010, como la Orquesta Académica dirigida por Carlos Calleja, y, en una de las apuestas más audaces, la realización por primera vez en la Argentina de una ópera clásica con instrumentos de época: «Così fan tutte» de Mozart, con la participación de instrumentistas del Conservatorio Real de la Haya y dirección de Hernán Schvartzman, joven y talentoso músico argentino.
Buenos Aires Lírica tuvo producciones brillantes, como el «Serse» de HTMendel de Pablo Maritano y Alejo Pérez, y otras menos lucidas como «Fidelio» y «Belisario», que pese a algunas actuaciones impecables (como la Leonore de Carla Filipcic en el Singspiel de Beethoven) fueron endebles en lo escénico y no tan sólidas en lo musical.
Sin enfrentar los problemas que aquejan a las instituciones oficiales, las privadas ya revelaron su oferta para 2011. BAL anunció «Carmen» en versión con diálogos, la reposición de «Der Freischütz», «Il mondo della luna» de Haydn, «Suor Angelica» y «Pagliacci» (con Luis Lima) y «Macbeth». Juventus hará dos títulos italianos («Lucia», con el debut en dirección de ópera de Leonor Manso, y «Trovatore»), uno francés («Pescadores de perlas») y repondrá «El murciélago», esta vez en producción escénica de Ana DAnna. Tanto la Casa de la Opera como Fundamús complementaron con sus producciones la actividad lírica del Avenida.
La cartelera de conciertos tuvo durante este año un ritmo de actividad y de visitas frenético (con hincapié en los homenajes al bicentenario de Schumann y Chopin), gracias a las temporadas del Mozarteum, Nuova Harmonia y Festivales Musicales. Sol Gabetta (con la Orquesta de Cámara de Basel), Nelson Goerner, Barenboim y el Coro de Niños de la Escuela de Santo Tomás de Leipzig fueron los puntos más altos ofrecidos por la asociación que preside Jeannette Arata de Erize. Isabelle van Keulen, Eiji Owe, Metha con la Filarmónica de Munich, Pinchas Zukerman y su grupo brillaron en el ciclo de la Fundación Cultural Coliseum, y Bernarda Fink, Natalie Clein y Zhu-Xiao Mei engalanaron el menú de la institución comandada por Mario Videla, en los tres casos alternando sedes. Cabe remarcar que desde la reapertura del Colón, y en el marco de los ciclos de Festivales y el Mozarteum, ya se escucharon tres de las obras más importantes de Johann Sebastian Bach: las «Variaciones Goldberg», la «Misa en Si menor» y la «Pasión según San Mateo».
Asociaciones privadas más nuevas como Amijai y Pilar Golf aportaron conciertos de antología e hicieron aún más difícil para los porteños la elección de sus actividades. El San Martín llevó adelante (con algunos avatares) el Ciclo de Música Contemporánea y una muy buena temporada de Ballet Contemporáneo, los Festivales de Ushuaia, Mendoza y Llao Llao ampliaron los horizontes de los melómanos y otros importantes puntos del país (Rosario, Córdoba, Misiones, Jujuy, Salta) desarrollaron sus propias producciones líricas y coreográficas, y conciertos.
En 2010, la oportunidad perfecta para que el furor del Bicentenario diera impulso a la música académica argentina, poco se hizo al respecto desde los grandes organismos oficiales. Afortunadamente algunos emprendimientos estatales menores y otros privados dedicaron sus esfuerzos al rescate de instrumentos, autores y obras nacionales, como la grabación de la ópera «Chasca» de Casella (sello Tradition) y la producción escénica de la ópera «Pampa» de Beruti (que quedó aplazada para el año que viene), ambas bajo la dirección de Lucio Bruno-Videla.
Tal vez ahora que las efemérides (y «las ventajas del sistema decimal», como dijo irónicamente Borges cierta vez refiriéndose a los centenarios) determinaron un mayor interés hacia los orígenes de la Argentina, puedan planificarse acciones a mediano plazo, ya que sabemos que el largo término es en estas tierras prácticamente una utopía.


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