24 de julio 2009 - 00:00

Siempre vuelve

Ariel Ortega está otra vez en River y volverá a ponerse la camiseta con la banda roja después de 412 días que para él deben haber sido eternos. Es un ídolo que siempre se va para volver, porque «acá soy feliz», como suele decir cada vez que le preguntan. Es su cuarto retorno, y él quiere que sea el último y el más exitoso, aunque encuentre un River devaluado y, por ahora, sin refuerzos.

Parece un cuadro pintado por un famoso pintor surrealista o una foto trucada. Ortega con la majestuosidad del Monumental y feliz como siempre, cuando se pone la camiseta de River.
Parece un cuadro pintado por un famoso pintor surrealista o una foto trucada. Ortega con la majestuosidad del Monumental y feliz como siempre, cuando se pone la camiseta de River.
Ariel Ortega será titular en el próximo amistoso de River, mañana frente a Everton, confirmó el entrenador Néstor Gorosito, y esa noticia creó muchas expectativas.

Vuelve Ortega, el que se fue disgustado con Diego Simeone, que no lo dejó festejar el Torneo Clausura en la última fecha ante Banfield, por haber faltado a un entrenamiento.

El mismo Ortega que se fue en 1996 al Valencia de España a ganar el dinero que River no podía pagarle y que tuvo que salir del equipo rumbo a la Sampdoria cuando llegó el entrenador italiano Claudio Ranieri, que le pedía «conducta profesional», algo que nunca fue su fuerte.

El mismo que después pasó al Parma y tuvo un problema de tránsito manejando con más alcohol del permitido y terminó preso. Allí River lo rescató y él volvió a ser feliz. Tan feliz que le pagó con otro título y se consolidó en la idolatría de la gente.

Pero el dinero lo volvió a tentar (a él y a los dirigentes de River) y se volvió a ir, esta vez su destino fue Turquía, donde el Fenerbahce pagó una fortuna para tenerlo. Jugó a regañadientes una temporada y huyó incumpliendo el contrato, por lo que fue suspendido mundialmente por FIFA.

Eso le costó casi dos años sin jugar, y River no pudo hacer nada porque los dirigentes turcos no querían ningún arreglo, por eso tuvo que mediar Newell's, y con el aval de Julio Grondona lo repatriaron. No era River, pero estaba Américo Gallego, por lo que se sintió casi en casa y respondió sacando campeón a Newell's.

El reclamo popular lo hizo volver y gastar a los dirigentes de River lo que no tenían, para que se vuelva a poner la camiseta con la banda roja.

Su tercer período no empezó bien y los problemas con el alcoholismo empezaron a hacer mella en su físico. Daniel Passarella nunca lo tuvo a pleno y, aunque hizo una recuperación en una clínica chilena, no se curó, ni mucho menos.

Así y todo, con faltazos y llegadas tardes, fue fundamental en la conquista del Clausura 2008, donde potenció a Diego Buonanotte y entre los dos «fueron dinamita». Después la última pelea con Simeone, que no le perdonó sus faltazos y pidió sanciones que terminaron en el exilio en Independiente Rivadavia. Una opaca actuación en el Nacional B y está vuelta, con toda la expectativa, porque Ortega en River siempre sorprende y se reinventa a sí mismo.

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