Sin Cristina en el palco, se diezma acto de Moyano

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Fue una charla en buenos términos. Cristina de Kirchner se escudó en que quería refugiarse unos días con su familia, en Río Gallegos, al cumplirse los seis meses de la muerte de su esposo, y Hugo Moyano, primereado, sin argumentos, no se animó a insistir.

Ocurrió el martes, tarde, y ayer le tocó a Julio Piumato, a quien la cofradía moyanista destrata por sobreactuar cristinismo, difundir la mala noticia. De inmediato, el megaacto de mañana en la 9 de Julio, por el Día del Trabajador, empezó a desinflarse.

Al faltazo prenunciado de los «gordos» se sumaría otro vacío: un gremio poderoso, la UOCRA, de Gerardo Martínez -que a modo de queja anticipó que no irá-, evaluaba ayer en Mar del Plata si tendrá presencia simbólica o no participa. Lo mismo haría UPCN de Andrés Rodríguez.

Sopló, anoche, el rumor de que el acto podría suspenderse. El moyanismo negó esa posibilidad y lo atribuyó a una operación contaminada de otros gremios. En Gobierno, a su vez, decían desconocer si esa alternativa era evaluada por la jerarquía de la CGT. Es más: se anticipó que, por orden presidencial, el gabinete en pleno estará en el show. Algunos ministros harán malabares para cumplir: Carlos Tomada, por caso, apurará su regreso de Córdoba para subirse al palco. Amado Boudou liberó su agenda de campaña.

Se lo avisó, como premio consuelo, Cristina a Moyano en la charla en la que le notificó que no estaría el viernes en Buenos Aires y, por tanto, denegaba la invitación para ser la oradora de cierre en el recordatorio, masivo, del Día del Trabajador.

Nada suplanta el faltazo. Ayer, confirmada la ausencia de la Presidente, el Movimiento Evita (M-E) de Emilio Pérsico revisó la logística y corrigió su contribución a la multitud: en vez de los 30 mil que había prometido, juramentó que aportará 15 mil. «No hay micros», se justificaron.

«No va a estar en el acto, pero estará en el corazón de todos nosotros», poetizó, por radio, Piumato, y se apresuró a desvincular de cualquier otro componente político la decisión de la Presidente de no concurrir. Nada dijo del decretazo de Cristina que amplía los subsidios a las obras sociales sindicales (ver nota aparte).

Pablo Moyano, en un esfuerzo por recuperar protagonismo ante la irrupción del otro vástago del clan, Facundo, confirmó la cumbre del camionero con la Presidente y precisó que se trataron «varios temas conflictivos». No hay, en ese vínculo, algo que no lo sea.

En rigor, en Gobierno daban prioridad al componente anímico de la decisión de Cristina de viajar al sur, en familia -ayer visitó la tumba de su marido junto a Máximo y Rudy Ulloa-, pero admitían que se consideraba inoportuno, y hasta innecesario, el acto.

«¿No se dio cuenta de que paralizar la Capital para hacer una demostración de fuerza está mal visto por todos y que Cristina no iba a aparecer pegada a eso?», aseguró una dirigente de los que tienen la contraseña para entrar a Olivos.

Citaban, además, encuestas de portales on line que mostraban un amplísimo respaldo a la decisión de la mandataria de no participar del acto. Es un dato obvio: Moyano es una mancha venenosa, que suplica el antídoto cristinista, pero ésta sólo le da placebos.

Ayer, en tanto, Daniel Scioli comprometió su presencia, aunque la condicionó a cuestiones «de agenda y de horarios». Primero sostuvo que, como presidente en ejercicio del PJ nacional, estaría presente, pero luego desplegó, llamativamente, esa duda operativa.

Ayer los moyanistas calculaban el número final de concurrentes: insisten con el número mágico de 300 mil. Ante las bajas, parecía demasiado voluntarioso.

Moyano despertará el viernes mirando el cielo. Una lluvia podría ser el peor augurio de que éste no es su mejor año.

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