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Sin ley, un minigabinete para operar “decretadora”
Cristina de Kirchner compartió, ayer, un acto con Daniel Scioli en Florencio Varela. Temprano, siguió el «show» legislativo desde Olivos.
Por eso, anoche, tras el viscoso show de los aprietes y del «manazo» de Graciela Camaño a Carlos Kunkel, la Casa Rosada corregía sus variables y, con un exceso de optimismo, dictaminaba que una jornada que suponía negra le regalaba una insospechada victoria.
En los despachos oficiales se regodeaban con la «soledad» de Elisa Carrió en la Comisión de Asuntos Constitucionales, convertida en tribunal ad hoc para juzgar los presuntos convites a diputados de la oposición para que faciliten la aprobación del Presupuesto.
Y, contrariando los lamentos públicos de la Presidente respecto de no contar con esa ley para gestionar durante 2011, evaluaban las «ventajas» de prorrogar la norma vigente este año. Así y todo, decían, se intentó hasta último momento juntar el número.
Agustín Rossi, a las 11 de la mañana, logró sentar a 117 diputados en sus bancas, a 12 votos del quórum. El martes, hasta tarde, hubo negociaciones frenéticas. Un caso: Aníbal Fernández convenció, sobre la hora, a los legisladores correntinos para que se sumen al pelotón K.
Ayer, en paralelo, se bosquejaba el esquema que operará, tras la prórroga que habilita la Ley de Administración Financiera, para poner en marcha la «decretadora» desde donde se deberán reasignar partidas por un monto de entre 80 y 100 mil millones de pesos.
La mecánica, perfilada ayer, planteaba la conformación de un minigabinete integrado por el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini, el jefe de Gabinete Aníbal Fernández y el ministro de Economía Amado Boudou para coordinar la gestión de esos recursos. Una especie de mesa operativa que perfile lo que luego termine de ordenar Cristina de Kirchner. Por el volumen, se planteaba una frecuencia de dos reuniones por semana, como paso previo a la firma presidencial de los decretos respectivos.
Por otro carril, y con un logística diferente, circulará lo referido a las obras públicas que se administran desde el Ministerio de Planificación Federal a cargo de Julio De Vido, que definirá los expedientes antes de remitirlos al minigabinete.
De Vido, apuntado por la oposición como una de las voces al teléfono que trató de diezmar el frente opositor la semana pasada, ayer apareció en público para desmentir esos rumores y explayarse en un salmo sobre las virtudes de Cristina de Kirchner.
«Es nuestra mejor militante», dijo ayer en Mendoza, «la mejor en capacidad y en capacidad de acción». Gambeteó, de manera sugerente, el sensible aspecto anímico de la Presidente. «En lo personal no voy a hacer ninguna caracterización, pero en la conducción de Gobierno, está como nunca».
Sin Presupuesto y sin período extraordinario, el Gobierno comenzó a proyectar una larga temporada en la que, supone, la oposición estará sin ring. Ese criterio primó, una vez fracasada la oportunidad -el miércoles pasado- de aprobar el Presupuesto.
Rossi lo había conversado, a mediados de octubre, con Kirchner. En esa charla, el ex presidente evaluó junto al santafesino y el senador Miguel Ángel Pichetto que el cierre del año legislativo, con un solo veto, el del 82% móvil, era mejor que lo imaginado.
«Para qué vamos a llamar a extraordinarias», se acordó en aquella charla en la que se programó, además, una avanzada final sobre el Presupuesto pero previendo, como un atajo alternativo, la contingencia de tener que prorrogar la ley actual.
Por entonces -antes de la muerte de Kirchner- el panorama legislativo era más difuso que en la actualidad. Ahora, tras varios movimientos, el oficialismo hace un conteo en el Senado que le augura menos inconvenientes para ratificar los decretos presidenciales.
La prueba fue, el verano pasado, el decreto para usar reservas para el pago de deuda. El año próximo, la «decretadora» estará más activa que nunca y el Gobierno deberá contar con, al menos, una Cámara para que esas resoluciones tenga un sistemático OK legislativo.


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