12 de julio 2010 - 00:00

Sin Mundial, asoma una ola de xenofobia en Sudáfrica

Soldados sudafricanos patrullaron durante el Mundial la villa de Diepsloot, en el suburbio norte de Johannesburgo. Los rumores atizan la posibilidad de que hordas antiinmigrantes se lancen al ataque.
Soldados sudafricanos patrullaron durante el Mundial la villa de Diepsloot, en el suburbio norte de Johannesburgo. Los rumores atizan la posibilidad de que hordas antiinmigrantes se lancen al ataque.
Johannesburgo - Los reportes de amenazas racistas contra inmigrantes en Sudáfrica despiertan el temor de que los logros alcanzados durante el Mundial de fútbol queden empañados tras el fin de la competición.

Dos imágenes de las conflictivas relaciones de los sudafricanos con el resto de los africanos llaman la atención. Por una parte, millones de locales apoyaron a Ghana, la única selección del continente que llegó a los cuartos de final.

Paralelamente, muchos inmigrantes africanos que habitan en los «townships» temen por sus vidas tras la difusión de informes que atribuyen a sus vecinos la intención de expulsarlos una vez culminado el Mundial.

«Todo el mundo habla de ello cuando vas de compras. Es el tema candente», afirma la zimbabuense Fungai Makota, dueña de un comercio de golosinas residente en Diepsloot, una barriada de 150.000 habitantes, 30 kilómetros al norte de Johannesburgo. «No sabemos cuándo, pero lo estamos esperando», agrega.

Felix, un constructor oriundo de Zimbabue que vive en Sudáfrica desde 1993, también escuchó los rumores de una nueva ola de violencia contra los inmigrantes una vez que se relaje la vigilancia policial y desaparezcan los juicios sumarios instaurados especialmente para la competencia. «Cuando veo los partidos en los bares escucho a la gente decir Los inmigrantes tienen que irse cuando termine el» campeonato», afirmó Felix.

Parece impensable que el legado más valioso del Mundial, la imagen de una Sudáfrica estable en paz consigo misma y el mundo, quede empañada tan pronto. Pero hay antecedentes.

En mayo de 2008, 62 personas, la mayoría inmigrantes africanos, fueron asesinados y otras decenas de miles expulsados de sus casas por turbas exaltadas que los acusaban de «robar» empleos por aceptar pagas inferiores, abusar de los servicios públicos y dedicarse a la delincuencia. Dos años después, muchas de las comunidades afectadas por la violencia, como Diepsloot, son todavía hervideros de frustración.

Desempleo


Sudáfrica tiene una de las tasas de desempleo más altas del mundo -un 25%- y los pocos empleos disponibles son también codiciados por unos seis millones de inmigrantes de Zimbabue, Mozambique, Malawi y otros países vecinos. Y aunque los crímenes violentos retrocedieron drásticamente durante el torneo, los matones continuaron aterrorizando a los habitantes de comunidades pobres como Diepsloot.

Patrick Moloi, vendedor callejero en Diepsloot, atribuye a los inmigrantes ilegales la responsabilidad de la mayoría de los delitos. «Aunque te disparen, no los pueden encontrar y arrestar» porque no tienen documentos, se queja. «Si siguen cometiendo delitos, habrá xenofobia».

Fungai Makota se está preparando para ese momento. En junio de 2008, ella y su marido se escondieron dentro de su choza mientras una turba iba casa por casa en busca de inmigrantes. Cuando encontraron a su marido, le dieron una paliza tan fuerte que su hijo no podía reconocerlo. También saquearon su negocio.

En las últimas semanas, fue vaciando su depósito de existencias y piensa huir a Mozambique si es necesario.

En una declaración emitida en junio, la fundación de Nelson Mandela expresó su «preocupación por los rumores circulantes en Sudáfrica sobre sentimientos negativos hacia los no sudafricanos». «No podemos culpar a otros de nuestros problemas», reclamó la organización.

El ministro de la Policía, Nathi Mthetwa, asegura que el Gobierno «vigila de cerca estas amenazas xenófobas de criminales sin rostro que quieren crear un ambiente de anarquía». La Policía «está preparada para impedir estos actos de maldad».

La semana pasada, el Ejército y la Policía registraron viviendas en la barriada Du Noon de Cabo Occidental en una aparente demostración de fuerza para disuadir a los violentos.

Por su parte, el gobernante Congreso Nacional Africano restó crédito a los reportes sobre una inminente ola de violencia, tachándolos como obra de «apocalípticos» y como esfuerzos «para apagar el estruendo de la exitosa organización de este espectáculo del fútbol».

Agencia DPA

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