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Singer, los gurúes y la inflación de los ricos

La cuestión no pasaría de lo anecdótico -además de ridículo- si no fuera porque en nuestro país existen quienes tienen ese mismo concepto. Y hablo sólo de identidad de concepto, no de similitudes en las mediciones.
En efecto, una universidad privada en conjunto con una institución prima hermana de ella, ambas fuente de inspiración ideológica durante los negros años del neoliberalismo reciente, miden desde hace tiempo la evolución de precios de la canasta del profesional ejecutivo. Dadas las características de este indicador, el capítulo alimentos y bebidas pesa sólo un 19% en la canasta (contra el 33% en el IPCNu) y la educación pondera el 7% versus un 2,9% en el IPCNu, entre otras significativas diferencias. La breve reseña metodológica publicada sobre este indicador sostiene que se toman sólo primeras marcas en zonas determinadas (exclusivas) de rubros tales como electrónica, turismo y automóviles. La variación anual de este indicador es del 39%.
Desde ya, que elaborar un indicador de estas características por parte de empresas privadas no es en absoluto criticable dado que resulta perfectamente claro y explícito a quién va dirigido este tipo de información. Esto, más allá de cualquier consideración metodológica que pueda realizarse y aun suponiendo que fuera una medición precisa y de calidad aceptable.
Lo que resulta objetable, inadmisible, es que se quiera imponer desde otras consultoras privadas, "gurúes de la City" de lamentable trayectoria y medios de comunicación opositores, la idea, revestida de ropaje pseudocientífico, de que la variación de precios de productos exclusivos de primeras marcas relevados en barrios "top" (40%) es la inflación que aqueja al conjunto de los argentinos. Éste es el concepto que iguala a los buitres de afuera con los de adentro.
(*) Director del INDEC


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