3 de septiembre 2010 - 00:00

Solapada guerra del cerdo con premios para ministros

Los ministros Carlos Fayt y Enrique Petracchi fueron homenajeados por ser los integrantes más veteranos de la Corte Suprema.
Los ministros Carlos Fayt y Enrique Petracchi fueron homenajeados por ser los integrantes más veteranos de la Corte Suprema.
El humor fue la estrategia que eligieron los ministros de la Corte Carlos Fayt y Enrique Petracchi para digerir que se les recordara, una vez más, que son los integrantes más veteranos del máximo tribunal. Durante la inauguración de la IV Conferencia Nacional de Jueces se les entregó a ambos una placa honorífica, que los jueces recibieron entre chistes, para filtrar esta versión elegante de la guerra del cerdo.

La famosa novela de Adolfo Bioy Casares («Diario de la guerra del cerdo») en la que se perseguía a personas mayores por la sola condición de su edad se filtró como evocación durante la entrega de dos placas a Fayt y Petracchi por el solo hecho de ser los integrantes más grandes del máximo tribunal.

«Siempre supe que no hay mejor ruiseñor que el que canta en su nido y que si algo es bueno y corto, dos veces bueno», arrancó Fayt, de 92 años, en referencia a su discurso de aceptación y no a su carrera judicial, por supuesto. El ministro le había prometido al presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, no extenderse demasiado y con esta introducción generó las primeras risas.

Fayt repasó sus 27 años en la Corte y leyendo de un pequeño papel ayuda memoria con alguna dificultad destacó la «plena independencia» que tuvo en esos años porque «el juez que no es imparcial no merece ser juez».

«Cumplí lo que la Corte es, ha sido y sigue siendo, la custodia de la supremacía constitucional, guardián de garantías y derechos individuales e intérprete final de la Constitución como pieza clave del sistema de Gobierno de la República», agregó el ministro. El único punto que no incluyó su ayuda memoria fue el fallo del máximo tribunal que justamente declaró inconstitucional la Constitución para que él pudiera permanecer en el cargo, a pesar de su edad.

Fayt luego agregó que «esa independencia fue total, a lo largo de seis presidencias de la República, pasando ahora por la sexta», y recordó que «en el living de mi casa se formó la primera Corte de la democracia; ahí elegimos a (Genaro) Carrió (ex miembro) y después por edades a los demás, el más joven, el más chico era Petracchi», sentenció entre las risas y aplausos del salón.

«Brego por la independencia económica de la Corte y la independencia de todos los jueces del país. Que así sea», concluyó Fayt.

A su turno, Petracchi también optó por el humor en una exposición de menos de un minuto, tras haber sido presentado por la vicepresidenta del tribunal, Elena Highton de Nolasco, como quien «sigue siendo en espíritu y creatividad el más chico de la Corte».

«Tras 56 años que llevo en el Poder Judicial desde que entré como pinche, merezco indemnización o por lo menos un pésame», sintetizó Petracchi, de 75 años, por encima de las risas de más de 600 jueces de todo el país.

La jocosidad del evento disfrazó una preocupación que sobrevuela de tanto en tanto la Corte: la edad de Fayt y, a partir del reconocimiento de ayer, de Petracchi plantea dos cuestiones vinculadas al texto constitucional. Por un lado, el límite a la edad de jubilación de los magistrados (subsanada por el propio tribunal a través de un fallo) y, por otro, la indicación de que, en realidad, los integrantes de la Corte deberían ser cinco y no siete. El límite de edad en 75 años para los jueces de la Corte fue impuesto por la UCR en la reforma constitucional de 1994. Raúl Alfonsín, ponente de esa cláusula, dijo que la copiaba de la Iglesia Católica para los obispos porque después de cierta edad entran en «decrepitud».

Esto implica, por otro lado, que cuando Fayt y Petracchi abandonen sus cargos (si es que son los primeros), probablemente nadie los reemplace. Una perspectiva muy desalentadora para el Poder Judicial que, como la sociedad argentina en general, se basa en una lógica escalafonaria.

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