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Soldados iraníes llegan a Venezuela
Cuatro pasdaranes (miembros de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní) que se encontraban en la frontera entre Venezuela y Colombia probando unos sistemas de vigilancia fallecieron en un accidente militar el 3 de mayo, cuando el helicóptero ruso MI-35 en el que viajaban se desplomó en un área montañosa de Los Andes. Los cuatro milicianos formaban parte de una delegación de alto rango encabezada por el ministro de Defensa iraní, Mostafa Mohamad Najar, quien estaría «entrenando a los militares venezolanos en el uso de aparatos de visión nocturna para controlar la frontera con Colombia», según una información del diario árabe Ash Sharq Al Awsat recogida por Paulo Botta, analista de FRIDE, experto en las relaciones entre Irán y América Latina.
Mohamad Najar visitó Caracas el 30 de abril, y participó junto a su homólogo venezolano, Ramón Carrizález, en varias reuniones de trabajo.
Durante el primer encuentro, amenizado con una exhibición aérea de los F-16 acantonados en la Base El Libertador, «los militares iraníes explicaron a los oficiales venezolanos las proyecciones por parte del Gobierno de Irán en materia aeronáutica», según un boletín de la Aviación de Venezuela.
«Aunque una colaboración militar entre Caracas y Teherán puede levantar suspicacias, la relación es tremendamente retórica, y es difícil que pase de las palabras a la acción», explica Botta. El analista pone como ejemplo los F-16 que Irán quiere comprar a Venezuela para traspasar esta tecnología a su industria militar. «En este caso, Chávez dijo que no a Teherán para no desairar a Estados Unidos», agrega.
El Gobierno de Venezuela ha mostrado interés en los aviones no tripulados AUV iraníes, y en recuperar la operatividad de los cazas F-5 (que no funcionan por falta de repuestos) con la ayuda de la República Islámica. Caracas y Teherán también poseen acuerdos de colaboración en el sector minero, y el titular de esta cartera reconoció en setiembre que trabajan de forma conjunta en la localización de yacimientos de uranio para desarrollar el programa nuclear de Chávez.
Al otro lado de la frontera, los israelíes miran con preocupación la conquista iraní de un aliado tan potente como Hugo Chávez. Consideran una amenaza los vuelos directos de Teherán y Siria a Caracas, piensan que no todos los viajeros son turistas y sospechan de la carga.
Pese a ello, no pretenden «importar el conflicto de Oriente Próximo».
En todo caso, aclaran que la intensa cooperación de Israel con el Ejército colombiano, del que es el segundo proveedor en armamento y asistencia militar, tras EE.UU., tiene como único objetivo combatir el terrorismo interno, nada de extender tentáculos hacia Venezuela.
El general Fredy Padilla de León, comandante de las Fuerzas Armadas, recalca la misma tesis. Según explica, Israel asesora en la reorganización de inteligencia militar y en crear unidades de mando que integran fuerzas de aire, mar y tierra. Pero, insiste, no actúan sobre el terreno.
Entre este año y el próximo, la Fuerza Aérea recibirá 13 cazabombarderos Kfir y potenciará otros 11 viejos, de 1989, flota que usará en inteligencia, bombardeo y «para disuadir cualquier ataque del exterior», según dijo cuando se acordó la compra el entonces ministro de Defensa, si bien ahora nadie quiere utilizar esa frase.
Aunque no se habla de forma abierta, las autoridades colombianas también temen la infiltración iraní en la región e investigan la presencia de terroristas islámicos, pero algunas voces piensan que Israel exagera el riesgo.
«Que nos dejen nuestra guerra sucia y no nos metan en su guerra santa. La nuestra puede acabarse negociando intereses», dice un analista.


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