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Solución a crisis: otorgar el pasaporte europeo a Geithner
José Siaba Serrate - Economista
¿Qué sabe la Fed que nosotros no sabemos? Los mercados descontaban la operación twist. La Fed la sirvió en bandeja. ¿Por qué habría de requerir el conocimiento de algún secreto terrible? Más aun, tres de los diez miembros del Comité de Mercado Abierto se oponían a la necesidad de verter estímulo adicional. Como fuera, no es la primera vez que surge un malentendido. La paranoia de los mercados es un rasgo que los identifica. Y en tiempos difíciles hasta quienes no son paranoicos corren peligro. ¿No debió la Fed despejar sus resquemores? ¿Acaso no es lo que se estila? Sus funcionarios brotan de repente de hasta debajo de las piedras para enderezar una mala (o inconveniente) interpretación. La Fed es muy profesional. Y su silencio de radio, mientras el mundo crujía, fue completo. Es más fácil pensar en una actitud deliberada que en una distracción. A su manera, un mensaje.
¿Se justifica la reacción de los mercados? No se puede culpar a la operación twist. Pero hay razones para el colapso nervioso, aunque no sean, precisamente, razones nuevas. Ni motivos ocultos. No hay que agitar fantasmas: los problemas crónicos son los que alimentan la sobrecarga de estrés. Meses bajo presión sostenida. El ataque de pánico refleja extenuación, no un salto en sí de las dificultades. Claro que saber de la fatiga de los materiales hará aun más gravosa la marcha.
La doble recesión flamea su banderín. Era lo que se debía evitar. La lógica del estímulo no era negar los problemas sino lidiar con ellos con el viento soplando a favor. Las Bolsas internacionales -si se las mide por el índice Dow Jones Global- tiraron la toalla la semana que pasó. Atravesaron el umbral de la caída del 20% desde los máximos y se internaron ya en el terreno del mercado «bear» (bajista). Es un pronunciamiento de recesión. No es infalible -China acumula dos mercados «bear» sucesivos y ninguna contracción de su economía-, pero suele ser certero en Occidente. A Europa, por caso, ya la Bolsa le bajó el pulgar. En Alemania, la fortaleza del Viejo Continente, el índice DAX patinó hace tiempo más del 30%. La nota discordante fue, y sigue siendo, EE.UU. Vapuleado, el Dow Industrial se las arregló para rebotar en la zona de los 10.600 puntos que ya había visitado cuando se le rebajó la calificación a la deuda soberana. Un escalón más abajo yace la frontera de los osos, pero no hubo ni siquiera un intento por transgredirla. No sólo Wall Street niega la recesión, también la canasta de indicadores económicos líderes que volvió a crecer en agosto. Aunque quienes compilan la estadística juzgaron apropiado abrir el paraguas, existe un riesgo creciente de que la merma de la confianza termine empujando a la economía por el barranco.
O sea que EE.UU., el que encendió la mecha de la crisis, es, paradójicamente, todavía un bastión de la resistencia. Si el dólar y los títulos del Tesoro son los refugios para guarecerse, Washington controla la fabricación de ambos y, por ende, a priori, no debería considerarse inerme en la encrucijada. No obstante, dice Tim Geithner, el secretario del Tesoro, la «profunda preocupación» pasa por corroborar «si el sistema político en los EE.UU. puede lidiar con los desafíos». La vigilia del 2 de agosto por el techo de la deuda causó un daño enorme, no en el dólar ni los bonos del Tesoro, pero sí en todo lo demás. La carta amenazante de los republicanos a la Fed es un botón de muestra de cómo la intransigencia de la puja electoral -que ya ata las manos de la política fiscal- busca extender sus tentáculos hacia la esfera de la política monetaria. Le cabe a Ben Bernanke aclarar el punto, esta semana, cuando hable sobre los acordes del twist.
Más difícil la tienen los europeos. Y si bien Tim Geithner trabajaría gratis para ellos, no aceptan ayuda. Europa jugó con fuego cuando destruyó la reputación de Grecia, se quemó, y sigue sin apagarlo ahora que las llamaradas chamuscan a Italia y a España. ¿Qué espera? ¿Qué arda París? Ya humean sus bancos. La última pretensión -el inefable ministro alemán de finanzas dixit- es reevaluar la situación de Atenas. Europa no puede administrar un giro de fondos prolijo a Grecia -nada contribuyó más a acelerar las palpitaciones previas al pánico- y ahora quiere un «default ordenado». A la par avisa que acelerará los planes del fondo permanente de rescate. La ambulancia -el mecanismo europeo de estabilidad- estará lista un año antes de lo previsto, en julio de 2012. Y Grecia se queda sin caja el 10 de octubre próximo. Si no fuera grave, sería gracioso. Habrá que pagarle otro pasaje de avión a Geithner para que convenza a la canciller Merkel de que frene los desatinos. O, mejor aún, alquilarle una residencia permanente. Ya se vio en los Balcanes cómo a veces Europa no puede resolver sus problemas de entrecasa. Y necesita que lo hagan los demás.


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