- ámbito
- Edición Impresa
Sulcic, pionero esloveno en Buenos Aires
Estadio del club de fútbol Boca Juniors, cuya construcción ganó por concurso Víctor Sulcic en 1932.
En la Boca un club de fútbol vino a poner su nota distintiva: Boca Juniors, cuyos colores son los de la bandera sueca (que tomaron de un barco), en un distrito de mayoría genovesa. La Boca y su puerto sobre el Riachuelo llegaron a ser un estado de ánimo.
Buenos Aires fue origen de otra pasión en el Abasto, en Balvanera, unido desde siempre a la leyenda de Carlos Gardel, un hijo de Toulouse. Allí también la obra de Sulcic ayudó a robustecer esa fusión de mito y realidad. La propia formación y desarrollo de Sulcic fueron un dechado de identidades nacionales. Oriundo de Kriz, villorio cercano a Trieste, Sulcic fue hasta los 23 años un súbdito del Imperio Austrohúngaro y, como tal, luchó en la Primera Guerra, después de finalizar los cursos en la Escuela Industrial en Trieste (Trstu, en esloveno), el mayor puerto austrohúngaro.
Cuando marchó a estudiar en la Academia de Bellas Artes de Florencia, en 1919, -primero escultura, y luego arquitectura-, Trieste era italiana, y Kriz se llama Santa Croce. Sulcic se diplomó luego en Bolonia (1922), y trabajó después en Zagreb, la capital de Croacia, que entonces formaba, con Eslovenia y otras zonas, el Estado Yugoslavo. Por último, y luego de una permanencia en Trieste, el esloveno-yugoslavo-italiano ex austrohúngaro, Sulcic se afincó en la Argentina, en 1924, donde realizó su obra.
Su primer socio fue el ingeniero Luis Migone, con quien obtuvo el Segundo Premio en el certamen para la Municipalidad de Bragado (1926). Mas tarde, se unió a su amigo, el geómetra Raúl Bes, para intervenir en el concurso de la nueva sede del Banco Hipotecario; ambos convocaron luego a colaborar al ingeniero Luis Delpini, y su proyecto fue distinguido con el Primer Premio, en 1927, aunque no llegó a ser construido. Lo que sí realizaron los tres autores fue un estudio: Delpini, Sulcic, Bes -Ingenieros Arquitectos, que fue famoso.
La empresa del Mercado de Abasto Proveedor, que había descartado los planos vencedores en su certamen de 1921 para las instalaciones en la avenida Corrientes al 3200 y aún los solicitados a Mario Palanti (autor, entre otros, del Pasaje Barolo), invitó a Delpini, Sulcic y Bes en 1929. Dos años después se iniciaron los trabajos. Las funciones de los tres socios habían sido delimitadas por consenso, según la inclinación de cada uno. Bes se ocupaba del giro comercial de la Sociedad, Delpini de las soluciones técnicas -se destacaba por su pericia en el cálculo del cemento armado- y la estética; en cuanto a Sulcic, el diseñador era el alma artística del Estudio.
Arquitecto formado en el estilo Beaux Arts, logró, partiendo de él, una originalísima simbiosis con el Modernismo. Sulcic esbozó en solo dos días la idea general del Mercado. Era una interpretación libre de una muy antigua forma arquitectónica de espacio público, la basílica romana: cinco naves paralelas abovedadas, entre las cuales se destacaba la central, más alta y más ancha.
Como el Mercado de Abasto debía seguir funcionando, se propusieron dos etapas. La primera inaugurada en 1934, al cabo de dos años y medio; la segunda, y la segunda nunca se llevó a cabo. Las instalaciones erigidas en 1931-34 totalizaban cuarenta y nueve mil metros cuadrados, y se desplegaban en dos subsuelos, la planta baja y el primer piso.
La resolución volumétrica externa era óptima: las envolventes de las calles laterales (Agüero, Anchorena) abrazaban, con la curva de las ochavas, los cinco grandes cañones corridos que culminaban en el centro de la fachada principal, sobre la avenida Corrientes. Cada uno de los cinco ventanales, con la pureza de su arco de medio punto, era recorrido por las nervaduras del hormigón, que se convertían en marquesinas. El Mercado fue el primer edificio de la Argentina con cemento armado a la vista, en la fachada y los interiores. Incendiado en 1952, el edificio debió ser reconstruido en parte. Al habilitarse en 1984 el Mercado Central de Buenos Aires, en La Matanza, quedó clausurado El Abasto, y quizá también su leyenda.
Fue afectado en su interior por el proyecto del estudio norteamericano Benjamín Thomp cuando lo vendió la Cooperativa El Hogar Obrero. Hacia 1988 se iniciaron los trabajos de refacción, tendientes a convertirlo en un vasto shopping.
El estadio de Boca Juniors también fue pionero. El concurso se falló en 1932, el año siguiente de haber ganado Boca el primer campeonato profesional de fútbol de la Argentina. Las obras sólo empezaron en 1938, cuando se terminaban las del Estadio de River Plate (de los arquitectos Aslan y Ezcurra), cuyos planos databan de 1935.
El estadio de Boca debió alzarse sobre una superficie total de veintidós mil metros cuadrados, para una capacidad de cien mil espectadores. Con el objeto de aprovechar al máximo el terreno, Sulcic superpuso las tres tribunas -ubicadas sobre la calle Brandsen - y las apoyó en consolas. Habilitado en 1940, el estadio se completó en 1944; su imposición encajonada, y el contraste entre sus reducidas dimensiones externas y su gran amplitud interna le ganó el mote popular de La Bombonera.
Sulcic, que recorrió la Argentina y conoció su cultura, simultáneamente se mantuvo comprometido con su tierra de origen y participó generosamente de las actividades de la comunidad eslovena en nuestro país. «(...) la destreza con el lápiz para trazar las perspectivas y planos que reflejaban sus ideas lo hacían comprensible más allá de los límites lingüísticos. (...) Un arquitecto de semejante estatura no podía quedar en las sombras y por eso creo que esta muestra le hace justicia (...)», escribió el arquitecto Luis Grossman, uno de los autores de textos sobre la exposición.
Auspiciada por la Embajada de la República de Eslovenia, la muestra en el Centro Recoleta fue coordinada por Oskar Molek, que además realizó las fotografías actuales de las obras de Sulcic.


Dejá tu comentario