- ámbito
- Edición Impresa
Surrealismo: Moyano reclama tener poder
Alberto Natale
Vayamos al grano. Por definición, el poder es la fuerza social destinada a imponer comportamientos humanos en las direcciones que fija quien efectivamente la ejerce. Es decir, una fuerza que existe en la sociedad, que impone, que obliga a otros a comportarse en el sentido que quiere quien realmente tiene el poder. Éste es su concepto genérico.
Ahora bien, hay dos clases de poderes, el poder jurídico y el poder social. El primero, es el poder del Estado, que se manifiesta por medio del ejercicio de sus funciones, la del Poder Ejecutivo, la del Legislativo, la de los jueces. Actuando en el marco de la Constitución, es un poder jurídicamente irresistible. El segundo, el poder social, es el que efectivamente desarrollan las organizaciones de la sociedad. Hay poderes morales, como el de las iglesias, poderes de influencia como el de la prensa, poderes de gravitación económica como el de las asociaciones de trabajadores y de empresarios, y muchas otras clases.
Estos poderes sociales a veces son legítimos y otras no. Un sindicato ejerciendo el derecho de huelga, respetando las disposiciones del marco legislativo, es un poder social legítimo. Un piquete cortando un puente, nacional o internacional, impidiendo transitar libremente, ejerce un poder ilegítimo. Un asaltante que me amenaza con un revólver y me despoja de mis pertenencias está realizando también un acto de poder, que es ilegítimo. Ello, desde luego, al margen del carácter penal que tenga el asunto.
Hugo Moyano tiene poder, nadie lo ignora. Tiene poder social, que a veces es legítimo en los momentos en que lo ejerce dentro de la ley, y otras veces ilegítimo, por ejemplo, cuando cruza camiones frente a una fábrica para reclamar afiliaciones a su sindicato o pretender alguna otra clase de privilegios. Sin embargo, a tenor de su discurso en River Plate parece que él cree que no tiene poder y lo reclama. No para sí, para los trabajadores -dice-, como si en el sindicalismo argentino los trabajadores votaran en forma universal para tomar una decisión, y no fueran los dirigentes, y muchas veces un dirigente, quienes resuelven todo, desde una huelga hasta los contratos de las obras sociales.
Entonces intentemos responder al enigma que nos plantea Moyano cuando reclama poder. Si quiere un poder jurídico, dentro del marco de la organización del Estado, para los trabajadores, según dice, como si fueran una corporación, para integrar, por ejemplo, el Poder Legislativo, se estaría colocando en la tesitura de quienes reniegan del sistema representativo que define la Constitución y estaría proponiendo un régimen corporativo, al estilo del que existió en la Italia de Mussolini o en la España de Franco. Descontamos que, aunque estos conceptos no los tenga muy claros, no debe ser ésa la pretensión de Moyano. El fascismo pasó a la historia, a la mala historia, felizmente hace mucho tiempo. Francamente nos cuesta imaginar al líder sindical, y menos a sus conocidos asesores jurídicos, involucrado en estas intenciones.
Perogrullada
La otra posibilidad es que reclame la otra clase de poder, aquel al que hicimos referencia antes, el poder social. Ya lo tiene, la flauta que lo tiene, y entonces lo suyo sería nada más que una especie de perogrullada, reclamar más de lo mismo, más de lo que ya tiene en abundancia. Hacer tamaña movilización de personas, colectivos, micros, alimentos, publicidad, recursos económicos, compromisos políticos, nada más que para eso es extraño, o no lo es. Si Moyano no fue la punta de lanza para anticipar un reaccionario debate sobre la vuelta a las instituciones del fascismo, que a pesar de las locuras que vemos a diario nos cuesta imaginar, lo que reclamó al lanzar la frase de que «los trabajadores tenemos que ser un instrumento de poder» es que en las próximas internas les den más lugares en las listas de candidatos a senadores, diputados, concejales, intendentes y toda clase de cargos políticos. En definitiva, mostrar, de la casa para adentro, que tiene posibilidad de movilización para reclamar posiciones y quedarse con la mayor parte posible de la torta a repartir. Y de paso, que tomen nota, algunos, de la casa para fuera de que allí también tiene de las suyas.


Dejá tu comentario