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También los edecanes dicen no haber visto nunca a Pontaquarto
El Tribunal Oral Federal Número 3 escuchó ayer al exjefe de la Casa Militar, Julio Hang, y a los exedecanes Carlos Castro Madero (Marina) y Mario Troncoso (Ejército). Tal como sucedió en audiencias previas con las declaraciones de mozos y secretarias, los testigos negaron haber visto alguna vez a Pontaquarto. Hasta el momento nadie ha podido confirmar la supuesta reunión en la que, según el exfuncionario, se habría acordado el pago de sobornos.
En su declaración ante el juez Daniel Rafecas, Pontaquarto sostuvo que en la oficina de los edecanes presidenciales había una mujer en un rol de recepcionista. Todos los interrogados negaron esta presencia; de hecho, aseguraron nunca haber trabajado con una mujer como secretaria o recepcionista.
Los croquis de Pontaquarto, tan bien cotizados durante la instrucción, ya se han vuelto un búmeran contra su autor. A lo largo de la semana hubo distintas objeciones y una especialmente recurrente: el arrepentido dijo haber usado el lavabo de un baño privado del despacho presidencial, pero que en ese entonces no tenía luz eléctrica y estaba completamente a oscuras.
No fueron los únicos traspiés para el arrepentido, quien ya desde hace varios días no aparece por los tribunales de Comodoro Py. En la instrucción había expresado que en la reunión en la que asegura haber participado el 30 de marzo de 2000 en Balcarce 50 lo había recibido un edecán. En el momento del reconocimiento fotográfico señaló a Troncoso, un oficial de tez morena y bigote. Ayer se exhibió el registro de turnos y se supo que quien había ocupado ese rol el día mencionado era el vicecomodoro Juan Macaya, un hombre alto y rubio.
Por fuera del expediente recordaron anécdotas jugosas y alumbraron a la audiencia sobre lo que implica ser una «sombra del presidente». Atender y marcar sus teléfonos celulares, acompañarlo las 24 horas y ser el filtro de las visitas se encontraban entre sus tareas. No por nada el término edecán proviene del francés «aide de camp» (ayuda de campo).
Recordaron las reuniones de De la Rúa en Casa Rosada hasta altas horas de la madrugada con ministros y colaboradores, dieron breves relatos sobre la tensión de los días finales y uno de ellos, Troncoso, terminó su interrogatorio al borde del llanto: «Quiero expresar mi orgullo por haber servido a un presidente que servía a la patria como el doctor De la Rúa».


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