"Fragmentos desorientados" llamó Tomás Eloy Martínez al conjunto de cuentos que escribió durante su exilio en Caracas entre 1979 y 1982. Más de tres décadas después, estos relatos acaban de ser publicados por primera vez bajo el formato de libro con el título "Tinieblas para mirar".
Martínez hubiera cumplido 80 años el 16 de julio pasado y este libro es un homenaje al creador de novelas que se han convertido en clásicos de nuestra literatura, como "La novela de Perón" y "Santa Evita". Lo curioso del caso es que se trata del primer libro de cuentos del escritor, algo que a aquellos que gustan de la prosa y el modo de elaborar historias que tenía Martínez puede generarles una cierta melancolía y el deseo de acceder a muchos más de estos breves relatos.
En algunos de los cuentos compilados en "Tinieblas para mirar" está el germen de futuras novelas. El caso paradigmático es el relato que da título al libro, en el cual los poéticos protagonistas ensayan un extraño y fallido intercambio entre los cadávares de Evita y Aramburu.
El primero de los cuentos parece, como señalan los editores,"más que un relato, una poderosa e inquietante metáfora de la Argentina", y como es sabido, Tomás Eloy Martínez "no se cansó de indagar desde la ficción, el periodismo y el ensayo" la características de nuestro país. Del mismo modo, con algo de crónica periodística y mucho de ficción, los cuentos de este libro abordan un conjunto de variadas ideas
En una emotiva nota posliminar, Ezequiel Martínez, hijo de Tomás, explica el origen de "Tinieblas para mirar" en el hallazgo de una carpeta con el nombre "Cuentos" en la computadora de su padre y en la recuperación de archivos de papel "escritos a máquina y con las correcciones a mano de su letra minúscula". Dicha nota informa que la mayoría de estos cuentos habían sido publicados en diarios argentinos, venezolanos y españoles, entre otros. Entre las anotaciones encontradas por Ezequiel surgió una en la que su padre recuerda que escribió varios de estos textos breves en años en los que empezó a "temer que jamás podría volver a mi país y el exilio se me tornó intolerable". En ese escrito llamó a los cuentos "meteoritos desprendidos de un planeta en ruinas, aunque nunca supe qué significaban ni cuál era el planeta. Treinta año después, sigo sin saberlo. Hace ya mucho que quiero alejarme de ellos y no encuentro otro modo que dejarlos caer aquí, en tiempos y lugares en los que todo les es ajeno pero en los que conservan al menos su condición original de fragmentos desorientados".
| Pablo Domini |



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