Tercera baja consecutiva y las caras ya no son las mismas. Es que si no había argumentos "duros" para la suba sí los hay para la baja (arrancando con la idea que el dinero tras la seguidilla de récords era "negro" que se "estacionó para capturar algunos puntos" y ahora se retira para ser blanqueado). Mal o bien, esto se usa de explicación a que con el 1,08% que cedió el viernes al cerrar en 17.869,06 puntos, el Merval finalizara la semana -tras cinco ganadoras consecutivas- cediendo 2,13%. Lo que en las dos primeras mermas se consideró "alentador", como fue el achique de volumen, ahora con $312,3 millones en acciones (1% más que el jueves; el 71% pasó por el panel líder) no, especialmente porque no cede el número de especies operadas: 83 con 27/17 bajas frente a 9/2 sin cambio y 24/4 subas en el panel general/lider. Estrellas del viernes: Inversora Juramento, +3,9%, IRSA +3,45% y TGN, +3,13%; estrelladas Dycasa, -5,88 y Gas Ban -3,23%; en el líder: Pampa Energía +1,47%, San Miguel +0,82% y Transener, +0,44; Carboclor, -4,11%, Cental Puerto -3,76% y Mirgor -3,57%. Vimos a lo largo de la semana como los FCI argentinos en acciones sufren de un problema de selección adversa, rendimientos consistentemente subpar -lo que se extendería a los otros tipos de fondos-, una diversificación que parecería excesiva ("churning") y una elevada concentración de riesgo. Esto evidencia la falsedad del argumento que la administración profesional de las sociedades gerentes genera rendimientos mejores a los de un "inversor bobo". Este fenómeno, de naturaleza global, ha sido enfrentando por los intermediarios con la estrategia -"marketinera"- de comparar sus resultados contra índices "ad hoc" o de resultados inferiores. Aun así, la maniobra no muestra en la práctica mejoras en los rendimientos, por lo que sólo termina evidenciando la tentación de "manipular" los índices -cambiar al mensajero cuando la noticia es mala-. En nuestro mercado esto tomó la forma de emplear al Merval como parámetro de comparación por parte de los administradores de fondos. Con esto no decimos que la inversión en FCI sea "ilógica", sino que puede estar impulsada por infinidad de otros motivos válidos -que nada tienen que ver con el rendimiento-: comodidad, status, confianza, cuestiones estatutarias, ignorancia, etc. Lo deshonesto con los FCI es entonces que se sugieran resultados "ganadores" de manera consistente y que no se advierta que son una inversión "subpar" y riesgosa.
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