23 de octubre 2018 - 00:00

Tomás Saraceno, o la ciencia bajo la lupa de la mirada artística

La performance en las salinas de Jujuy, una experiencia sobre la “adicción del hombre a quemar hidrocarburos”, se reflejó en The New York Times.

Salinas.La preocupación de Saraceno por la “adicción del hombre a quemar hidrocarburos”, lo indujo a crear un globo que, con la energía del sol, batió el récord de permanencia en el aire.
Salinas.La preocupación de Saraceno por la “adicción del hombre a quemar hidrocarburos”, lo indujo a crear un globo que, con la energía del sol, batió el récord de permanencia en el aire.
Resulta difícil traer a la memoria un suceso comparable al de Tomás Saraceno (Tucumán, 1973) en el Palais de Tokyo de París. Los medios habían adelantado que la exposición "On Air. Carte Blanche" del artista argentino depararía una fuerte experiencia sensorial. Y el miércoles pasado, los invitados a la avant prèmiere hacían fila en la puerta para ingresar. Saraceno, con la capacidad teórica de un científico y la sensibilidad poética de un gran artista, ocupó los 13.000 metros del Palais, sus 18 salas. El presidente de la institución, Jean de Loisy, no ocultó su admiración por "la puesta en marcha de una formidable energía para hablar del flujo del mundo, de lo invisible y de la permanente acción de las materias del universo".

Saraceno llegó al Palais de Tokyo con su equipo, y miles de arañas y grillos para alimentarlas mientras tejían los millones de filamentos de las telas orbitales. El año pasado, Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, se atrevió a albergar al artista y cerró durante siete meses las salas para que las arañas "trabajaran". Los porteños vieron entonces lo que hoy se exhibe en París. Los sutiles entramados sensibles de las telas son la representación tridimensional de la estructura de redes del cosmos.

En la penumbra de una sala flota el polvo cósmico. Las imágenes amplificadas de las partículas, visibles a simple vista con los haces de luz que cortan la oscuridad, se proyectan en una pantalla. Allí, también amplificado, se escucha el sonido que produce el polvo cósmico cuando impulsado por movimientos casi imperceptibles como nuestra respiración, choca entre si. Esta es la jam session del universo.

El polvo, ¿es la tierra convirtiéndose en cielo? o ¿es el cielo solidificado? "Entre 5 y 300 toneladas diarias de polvo cósmico caen a la tierra atravesando la atmósfera", observa Saraceno. Luego, las estructuras orbitales de las arañas, ampliadas y realizada con cuerdas, cruzan la superficie desde el piso al techo en otra sala como metáfora de las redes del cosmos. Entretanto, con un arte que remonta vuelo y la belleza de una coreografía espacial, Saraceno le dice adiós a la era geológica actual, el Antropoceno, que se inicia con la revolución industrial. Y así designa, con el término "Aeroceno" una nueva era dedicada al cuidado de nuestro planeta.

Las esculturas flotantes del Proyecto Aerocene se acercan a la estética de lo sublime, vuelan sin frontera alguna, pero además, sin combustible fósil ni gases. La radiación solar las impulsa, genera una diferencia de temperatura entre el interior y el exterior del globo que provoca su ascenso. Hoy, las fotos de la performance realizada en las Salinas de Jujuy llegaron al The New York Times. Allí estuvieron Saraceno y su equipo de científicos y artistas con la directora de Artes Visuales del CCK Gabriela Urtiaga, la gente del Canal Encuentro y un grupo de artistas y niños jujeños. La preocupación de Saraceno por la "adicción del hombre a quemar hidrocarburos", lo indujo a crear un globo que, con la energía del sol, batió el récord de permanencia en el aire.

"'On Air' se inauguró el día anterior a la previa de la FIAC, la gran Feria de Arte de París, y a las muestras de los períodos rosa y azul de Picasso en el Museo D'Orsay, y las de Basquiat y Egon Schiele en la Fundación Louis Vuitton", nos informa la argentina Inés Etchebarne con orgullo. Y sus videos surcan el Atlántico. En el texto del catálogo de la muestra de Saraceno, la curadora Rebecca Lamarche Vadel, destaca sus méritos e ingresa en una dimensión filosófica, cuando dice: "Más allá de las artes visuales, el artista permite comprender la fuerza, la poesía y la vitalidad del fenómeno del mundo, nos sumerge en el océano de todas las presencias que coexisten en este espacio infinito".

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