- ámbito
- Edición Impresa
Trascendente: Europa elige por primera vez presidente y canciller
Nicolas Sarkozy y Angela Merkel, presidente de Francia y canciller de Alemania, respectivamente, presionaron fuerte a sus pares de la Unión Europea para que las divisiones no abortaran la histórica elección de autoridades permanentes para el bloque.
No obstante, según alertaron medios, analistas y actores políticos del continente, los nombramientos están lejos de asegurar el objetivo de que Europa alcance una «voz común», como quedó claro a la hora de afrontar diversas crisis en los últimos años.
Van Rompuy, democristiano flamenco de 62 años, está hace once meses en el cargo de primer ministro de Bélgica, y es considerado un exitoso mediador en conflictos difíciles, aunque no se lo reconoce como un político carismático y con escasas dotes de liderazgo.
Tras varias semanas de debate, su elección como «presidente estable» con mandato por dos años y medio se entiende más por las menores resistencias que generaba que por los apoyos explícitos.
A la reunión de ayer de los jefes de Estado y Gobierno europeos se llegó con total incertidumbre, ya que se habían barajado más de una decena de postulantes para cada puesto.
La candidatura del belga era impulsada principalmente por el tándem Francia-Alemania, y logró otros apoyos una vez que el Reino Unido renunció a colocar en el puesto al ex primer ministro Tony Blair.
De esta manera, Blair sufre una nueva frustración en su intento de proyectar su imagen en el mundo. A los problemas que lo alejaron del Gobierno británico hace dos años se le suman los nulos resultados que alcanzó como enviado especial del Cuarteto de Medio Oriente (Rusia, Unión Europea, EE.UU. y ONU), plano en el que hasta brilló por su ausencia en momentos cruciales.
Como compensación a la negativa recibida por Blair, el Gobierno de Gordon Brown ubicó a Ashton como alta representante de Política Exterior y Seguridad, cargo que estaba en manos del socialista español Javier Solanas, y que ahora tendrá supuestamente mayor capacidad operativa. En la jerga de Bruselas se la llama a Ashton «superministra de Exteriores».
Descartados
Otros que quedaron en el camino para alguno de los dos puestos son el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, su homólogo luxemburgués, Jean-Claude Juncker, el ex primer ministro italiano Massimo DAlema y el titular de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos.
De esta manera, la presidencia recae en el ala conservadora-democratacristiana, y la Cancillería la manejarán los socialdemócratas, segunda fuerza del Parlamento Europeo.
El equilibrio buscado también involucró la cuestión de género, por presión básicamente de países escandinavos. Como pauta de otras pujas, presidente y canciller representan a un país pequeño y otro grande, y al más tradicional de los euroescépticos (Gran Bretaña) y al más emblemático de los europeístas (Bélgica).
Como principal objetivo de las designaciones, el bloque intenta zanjar un inconveniente con el que se encontró no bien comenzó a cobrar identidad como proyecto de unión política. Entre los antecedentes en los que se percibieron posturas nacionales encontradas, vale mencionar el apoyo irrestricto de Gran Bretaña durante el Gobierno de Blair a EE.UU. con respecto a la guerra de Irak, los giros en la materia en España e Italia a medida que cambió el signo del Gobierno, la oposición de Francia, o las históricas divergencias sobre Medio Oriente, con París más proclive a escuchar al mundo árabe y Londres y Berlín más atentas a Israel. La relación con Cuba, el vínculo con EE.UU., la ampliación de la UE a Turquía (país musulmán) y cuestiones migratorias son otros ítems en los que los países mantienen divergencias. Prueba de ello es que las negociaciones para conformar la nueva arquitectura institucional europea demoró ocho años, y trastabilló con referendos perdidos en diversos países.
Los medios europeos recordaron profusamente estos días cuando el ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger se burlaba preguntando a qué número de teléfono debía llamar para hablar con la «cabeza visible» de Europa. Los dos cargos designados anoche, durante una cena de los gobernantes, están contemplados en el nuevo Tratado de Lisboa, que entrará en vigor, en principio, el próximo 1 de diciembre.
El tándem Ashton Van Rompuy deberá lidiar con la voz poderosa de Estados Unidos, el creciente peso de China, la vocación protagónica de Rusia (a caballo de su potencial energético y nuclear), y otros liderazgos con menos representatividad pero sonoros y desafiantes, como los de Hugo Chávez, la teocracia iraní y otros musulmanes.
Agencias DPA, AFP, ANSA y EFE


Dejá tu comentario