22 de abril 2013 - 00:00

Twitter y caminata, el recurso Cristina en un escenario hostil

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
La disfonía, dijo, detonó su catarsis twittera. Lejos del lenguaje rígido y la transcripción de discursos, Cristina de Kirchner convirtió su cuenta de Twitter en un diario íntimo de acceso irrestricto.

Prolífica, con giros coloquiales y mechando términos en inglés, cuestionó el fallo de cámara sobre la ley de medios, contó episodios domésticos -una charla de damas en el baño-, relató la visita al mauseleo de Hugo Chávez y hasta posteó la foto de un bebé con los "bigotes" de Nicolás Maduro.

"Perdón, me puse a pensar y como no puedo hablar por la disfonía, canalizo por acá, avisó el jueves mientras en Buenos Aires ardían las cacerolas y ella estaba, a bordo del Tango 01, rumbo a Lima.

La ola de tuits de ese día -la más numerosa de la semana- sembró un equívoco. Como fueron en simultáneo a la marcha anti-K en Plaza de Mayo, se reprochó el silencio oficial.

En rigor, el contenido de los tuits había sido dejado por Cristina antes de partir a Perú para que su Community Manager (CM), la bloguera ultra-K Ana Montanaro, que administra su cuenta, los ponga en línea.

Cristina, relatan en Balcarce 50, no tiene teléfono celular propio, usa el de sus secretarios y, además, no puede tuitear desde el avión presidencial. La mecánica consiste en dictar los tuits a alguno de sus secretarios, o al secretario de Medios Alfredo, Scoccimarro, luego los revisa y más tarde se envían a Montanaro -que desarrolla tareas similares para Aníbal Fernández y Agustín Rossi-, encargada habitual de subirlos a la red, aunque no es la única con acceso a la cuenta presidencial de TW que roza los 2 millones de seguidores.

El efecto colateral de la disfonía se tradujo en hiperactividad tuitera: el miércoles fueron 24 tuits; el jueves, 60; el viernes, 47; y el sábado, 57.

Twitter fue también el ring que eligió Henrique Capriles, candidato a presidente de Venezuela que perdió ante Nicolás Maduro, para acusar a Cristina de haber financiado la campaña electoral con dinero de los venezolanos.

Apuntó, además, que la Argentina acumula una deuda de u$s 13 mil millones por convenios petroleros.

Modelo

Fue un mecanismo de ocasión. Tras el fallo judicial sobre la ley de medios, la Presidente habló a través de Twitter. El mismo mecanismo utilizó luego con la reunión de la Unasur en Lima y su estadía en Caracas.

Sin embargo, como suele ocurrir, también tuvo característica de ensayo de "cercanía" para comunicar sin intermediación. El viejo eslogan del vínculo directo.

Pero no es un movimiento aislado. De hecho, mañana la Presidente volverá a pisar La Plata, que el 2 de abril fue azotada por un temporal que dejó más de 50 muertos y cerca de 300 mil afectados.

Será su tercera visita: estuvo allí al día siguiente de la tempestad -ocasión en la que aceptó hablar con la prensa, al salir de una reunión con Daniel Scioli- y volvió el domingo 7 para recorrer la Facultad de Periodismo donde se montó el centro logístico K, coordinado por La Cámpora.

A media tarde -está agendado para las 16.30- tiene previsto caminar algunas zonas de la ciudad para "fiscalizar" la eficacia de los programas de asistencia desplegados por el Gobierno.

La lógica es similar: un mecanismo de cercanía, diferente del que la Casa Rosada aplicó frente a otras tragedias como el accidente de Once.

Esa misma tarde volverá al atril. Al atardecer, en el Salón de los Patriotas, la Presidente encabezará un acto oficial. En ningún lado, avisan en Balcarce 50, se esperan referencias al 18A, porque se entiende que ese sector volverá a hacerlo más allá de las eventuales respuestas oficiales.

De hecho, el miércoles irán al Congreso a la votación de la reforma judicial. Un día después, Cristina cenará con Dilma Rousseff, la presidenta de Brasil, con quien tenía previsto reunirse dos días después de la muerte de Hugo Chávez, para discutir el caso de la minera Vale, de capitales brasileños, que canceló una megainversión en Mendoza.

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