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UCR ya no negocia en el Senado
Ernesto Sanz
A nadie sorprendió que Morales lanzara hace 15 días la idea de reunir a la oposición para quitarle al kirchnerismo desde el 10 de diciembre la presidencia de Diputados. A pesar de haber negado esa posibilidad la noche del 28 de junio, Morales denunció ahora que el kirchnerismo rompió todos los códigos parlamentarios y, por lo tanto, insistió con avanzar en la pelea por el control de Diputados. Esa estrategia aparece lógica en un hombre como Morales, que consiguió asentarse en la conducción de la UCR a fuerza de confrontar con el Gobierno y resistir al radicalismo K representado por Julio Cobos, postura que sólo aflojó cuando el vicepresidente se negó a aprobar la Resolución 125.
Pero el panorama para la UCR se endureció cuando Sanz, más componedor y negociador que Morales, se enroló en la misma corriente denunciando al kirchnerismo por violar acuerdos en el Senado al apurar la votación de la reforma política. Así también comenzó a reclamar la presidencia provisional del Senado para la oposición.
Sanz ayer insistió en que el radicalismo «irá por todo» en el Senado, incluyendo la presidencia provisional y la jefatura de algunas de las comisiones clave, como Asuntos Constitucionales, que hoy está en manos del santacruceño Nicolás Fernández, el hombre de confianza de Cristina de Kirchner en esa cámara. Fernández ha sido hasta ahora uno de los pocos puentes de comunicación entre el kirchnerismo y Sanz. La estabilidad que mostró el Senado en la votación de algunas leyes clave se consiguió sobre la base del diálogo entre ambos, pero una sanción exprés de la reforma política nunca estuvo contemplada en esas conversaciones. La situación se agrava porque Fernández se alejó por unos días de Buenos Aires, está en Santa Cruz por cuestiones familiares, y por lo tanto no hay vías de comunicación por estos días entre la oposición y el oficialismo.
Con la nueva postura, quedó la UCR sin lugar para la moderación, después que Sanz apareció como el candidato del consenso para presidir el radicalismo desde el 4 de diciembre con el voto de «la resistencia» y el cobismo al mismo tiempo.
Menos lugar habrá para casos como el del correntino Ricardo Colombi y sus coqueteos con el kirchnerismo. Ayer, Morales siguió adelante con la acusación al Gobierno por el paseo de Colombi por despachos oficiales. Ayer pidió en el Congreso que se investigue a Aníbal Fernández por el suspuesto delito de coacción: lo acusan de haber presionado a Colombi para que se reúna con Néstor Kirchner y luego con la Presidente a cambio de aliviar la situación financiera de Corrientes una vez que asuma la gobernación.
Morales pidió que se investigara «si el jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, anunció al gobernador electo de Corrientes, Ricardo Colombi, que ningún ministro de la Nación lo recibiría a efectos de oír los problemas y reclamos de su provincia -sobre escasez de dinero para pagar los sueldos de la administración, u otros imprescindibles para su gestión- si, previamente, no obtenía el permiso del ex presidente de la Nación y presidente del Partido Justicialista, Néstor Kirchner». Es decir, si existió coacción política para liberarle fondos.


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