16 de noviembre 2010 - 00:00

“UIA, más importante que ley Moyano”

La pregunta era esperable: ¿por qué no hay sindicalistas entre los invitados a disertar en la Conferencia Industrial que organiza la Unión Industrial Argentina (UIA) el jueves y el viernes próximos? La respuesta -dicha casi al unísono por los tres dirigentes de la UIA que compartieron la conferencia de prensa- dejó claro una vez más la tirantez que campea hoy en las relaciones entre el mundo sindical y el empresario: el trío formado por Héctor Méndez (titular de la UIA), José Ignacio de Mendiguren (secretario) y Federico Nicholson (presidente de la Conferencia) dijo que el temario había sido establecido «mucho antes de que se conocieran los detalles del proyecto de distribución de utilidades, y en definitiva la Conferencia Industrial es mucho más importante que el proyecto de ley que impulsa (Hugo) Moyano».

Tratar de establecer un puente entre estos dos sectores, enfrentados por la ley que impulsa el líder de la CGT a través de su abogado, el diputado Héctor Recalde, sería una de las tareas que encomendará la presidente Cristina de Kirchner a los empresarios cuando clausure la conferencia el viernes al mediodía, en el almuerzo de cierre.

Según datos que maneja la dirigencia de la UIA, Cristina de Kirchner haría un pedido formal a empresarios y gremialistas para que concreten el preacuerdo de «paz social» que le había prometido Moyano a Méndez y De Mendiguren. Por ahora, el abismo sigue abierto y sin nada a la vista que tienda a salvarlo.

De hecho, ayer la UIA se sumó a la Cámara Argentina de Comercio (CAC) en su rechazo a la convocatoria efectuada por Recalde para hoy, a concurrir a la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Diputados, que él mismo preside.

En el denominado Grupo de los Siete (del que también participan banqueros, constructores, el campo y la Bolsa) se habría impuesto la postura de no darle entidad a esa gestión de Recalde, que el día del velatorio de Néstor Kirchner había aceptado la sugerencia de su jefe, Hugo Moyano, de poner el proyecto en el «freezer» al menos hasta el año que viene.

El diputado por la CGT, pese a lo pactado por teléfono con su jefe gremial, decidió avanzar con las citas a las grandes cámaras empresariales, que en algún momento dudaron si concurrir o no. «Si no vamos, dirán que nos dieron la oportunidad de hacernos oír y la desaprovechamos», fue el argumento (derrotado) de quienes apostaban a dar la pelea en el reducto del enemigo.

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