19 de enero 2009 - 00:00

Un adusto Obama habló de un futuro difícil ante medio millón de personas

Una multitud de cientos de miles de personas se congregó ayer en Washington para asistir a un concierto que marcó el inicio de los festejos por la asunción de Barack Obama. Un anticipo de lo que sucederá mañana, a escala todavía mayor.
Una multitud de cientos de miles de personas se congregó ayer en Washington para asistir a un concierto que marcó el inicio de los festejos por la asunción de Barack Obama. Un anticipo de lo que sucederá mañana, a escala todavía mayor.
Washington - Barack Obama sacó al pueblo estadounidense a las calles. Cómo negarlo, ante las multitudes que se congregaron en parques, avenidas y estadios durante la vibrante campaña electoral que consagró al demócrata. Cómo negarlo, si cientos de miles de personas caminaron ayer hacia las inmediaciones del Lincoln Memorial para un megarrecital en su honor en una tarde de domingo con un frío menos duro que lo anunciado.
Fue una fiesta alegre y emotiva, aunque sin desbordes. En grupos, en pareja o solos llegaron desde todas partes - California, Iowa, Florida o Wisconsin- para quedearse hasta mitad de semana. El mar de gente, medio millón de personas según los organizadores, se extiendió desde el Memorial hacia el Capitolio, el sitio ubicado en la otra punta de este parque, a 2,2 kilómetros, que será escenario mañana de la ceremonia principal del traspaso de mando.
Las encuestas dicen que Obama logró acercar a las urnas a una generación de primeros votantes que estaban volcados a pasiones ajenas a la política. Convoca-dos por «el cambio en el que podemos creer», como rezó el lema de campaña de Obama, y por un recital con un programa que encabezaron Beyonce, U2 y Bruce Springsteen, se vio caminando por las avenidas Constitution, Viriginia y Pensilvania tanto a los obamistas veinteañeros como a los demócratas de la vieja guardia.
El propio Obama tomó la palabra en medio del concierto y recordó lo que en realidad todos los presentes sabían. «En generacioens no ha habido un gobierno que tenga que asumir un desafío tan grande como el que vamos a encarar», dijo. «Estados Unidos está en guerra y afrontamos una crisis económica por la que miles de estadounidesnes perdieron su empleo». Tras lo cual, el demócrata respasó su discurso preferido sobre la unidad, que abarca desde «liberales y conservadores» a «gays y straight».
«Si nos podemos reconocer los unos en los otros y unirnos, no solamente recuperaremos la esperanza y la posibilidad en lugares donde se ansían, sino que también mejoraremos nuestro país», enfatizó. «Ustedes me dan esperanza», devolvió, retroalimentando un vínculo que a todas luces le ha dado resultado.
El discurso del «cambio» y la «unidad», sin mayores precisiones, demuestra efectividad entre sus seguidores, como Dan McKever, quien vino con su pareja desde Sacramento, California. «Este es un país políticamente muy dividido. En los últimos cuarenta años, es el primero que puede unirnos», resume.
Opiniones
Sobre cuestiones más puntulaes, como el rol de Estados Unidos en el conflicto de Medio Oriente, este funcionario de una agencia de California para el cambio ambiental sostiene que «tiene que econtrar los puntos en común entre unos y otros, y ganar confianza como el país más influyente del mundo», «La única solucón es que haya dos Estados», concluye».
Con él coincide Antoinette Sebastian, funcionaria del área de Vivienda y residente de Washington. «Hay que ir para atrás y revisar todos los acuerdos, todos los hechos, incluido el rol de Estados Unidos y voler a empezar», sintetiza.
Para Jason, uno de los ventieañeros que viajó desde Wisconsin, «el desafío es demsotrar que somos capaces de cambiar y dejar de ser un país no respetado en el mundo».
Dicen los republicanos que los demócratas llegaron a esconder a las celebridades de Hollywood y a las estrellas del rock y el pop durante la campaña electoral, un grupo demasiado «liberal» para el paladar medio de los estadounidenses que, según la versión de los perdedores, habría restado votos de centro al obamismo.
Superación
Si ese complejo existió, ya perdió vigencia. Además de los mencionados, el programa de ayer incluyó a la sensual Shakira -casi la única que movió de sus asientos a Obama y su familia- James Taylor, Bettie Lavette, Stevie Wonder, Bon Jovi -algo venido a menos- y Mary J. Blige. Bono se atrevió a meterse de lleno en la actualidad. «No es sólo un sue-
ño americano. También
es un sueño europeo, asiático, africano, israelí», y,
tras un silencio, acotó: «palestino».

Entre canción y canción pasaron los hollywoodenses Queen Latifah, Denzel Washington o Forest Whitaker, todos ellos negros. También dieron el presente Tom Hanks, Laura Linne, y el golfista Tiger Woods. Martin Luther King III, algo golpeado por el escándalo que desató el gobernador corrupto de Illiois, Rod Blagojevich, recordó a su padre.
Tanto el arribo como la desoncentración se realizan en una forma incomprensiblemente ordenada para ojos habituados a otras multitudes, Gupos de quinientas personas que obedecen a un policía que les indica dejar pasar un automóvil.
Los efectivos y los tanques se dejan ver por doquier. Ocho mil son los efectivos encargados del orden en la ciudad y 25.000 llegaron desde otras ciudades asignados a tareas especiales.
Cae la tarde, la fiesta llega a su fin. Los próximos días serán menos distendidos para el abogado de Hono-lulu, el presidente número 44 de la historia, el primero negro.

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