15 de julio 2014 - 00:00

Un arte en estrecha relación con el espectador activo

En “Le Parc Lumière” la gente debe ingresar en un universo encantado que, sin embargo, tiene un profundo sentido político.
En “Le Parc Lumière” la gente debe ingresar en un universo encantado que, sin embargo, tiene un profundo sentido político.
Nacido en 1928 y radicado en París desde 1958, Julio Le Parc presenta desde entonces, obras y teorías sobre el sentido del arte que coinciden a la perfección. Con el Grupo de Investigación de Artes Visuales (GRAV), redactó manifiestos que abrieron paso al cinetismo. Las obras se mueven pero también el espectador debe estar activo, este principio rector marcó el rumbo de un artista tan preocupado por la producción como por la recepción. En 1966, Le Parc llegó a la Bienal de Venecia y ganó el León de Oro. Hoy, lúcido, alto y delgado como un junco, cuenta con humildad sus hazañas, pero también con orgullo. La muestra descubre la espléndida dimensión de su obra: la tecnología es baja pero los resultados altísimos. En "Le Parc Lumière" la gente debe perderse en un laberinto de espejos que reproduce su imagen al infinito o, ingresar en un universo encantado que, sin embargo, tiene un profundo sentido político. El propio artista señala: "Si una persona entra en una exposición como la mía, para mí es suficiente si sale con una sensación de haber sido parte de una experiencia, ya sea por el movimiento, las luces, ya sea porque tiene que participar en algunas obras como los juegos, las encuestas, ya sea porque la presencia frente a una obra va provocando cambios". Le Parc aspira a que la gente se apodere de la energía que emana su obra y conjetura: "A lo mejor puede proceder de otra manera en otro frente de su vida con esa energía ganada". Demanda además una actitud reflexiva frente al arte, cuando dice: "Si un espectador se da cuenta de que es tomado en consideración por las obras expuestas, que le dan algo, quizá pueda decir después: '¿Por qué en otros lugares yo no recibo esto?'".

A.M.Q.

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