10 de noviembre 2014 - 00:00

Un grito simbólico con vista al futuro

Largas colas en los centros electorales demostraron el entusiasmo con el que los catalanes secesionistas asumieron la votación simbólica de ayer.
Largas colas en los centros electorales demostraron el entusiasmo con el que los catalanes secesionistas asumieron la votación simbólica de ayer.
Barcelona - El instituto de los Hermanos Maristas, en Barcelona, hormigueó ayer de actividad como un colegio electoral ordinario, con una pequeña diferencia: aquí se votó sobre la independencia de Cataluña, pese a la prohibición. Aun así, la organización se esforzó por ser rigurosa.

Lluís Peiró, un ingeniero de 51 años, fue de mesa en mesa, deslizándose entre decenas de vecinos del barrio de clase media donde se encuentra este centro de secundaria, casi bicentenario, muy cerca de la Sagrada Familia, el emblemático monumento barcelonés.

En este colegio de once urnas, 33 voluntarios, supervisados por cuatro coordinadores, controlados a su vez por dos responsables, organizaron la votación.

Los organizadores del "Sí o sí a la independencia quisieron que la consulta no sea el "simulacro" denunciado por el Gobierno español sino un voto creíble, pese a que probablemente sólo participaron en él los partidarios de una separación de España.

En toda Cataluña, región del noreste con 7,5 millones de habitantes, se instalaron un total de 6.695 mesas.

Cada una dispuso de una urna de cartón con una ventanilla de plástico transparente y un ordenador portátil proporcionado por el Gobierno regional catalán, que coordinó la jornada, explicó Lluís, quien milita desde hace tiempo a favor de la independencia.

Como no existió censo electoral, los votantes, que consultaron la dirección de su colegio en una página web especial, fueron inscritos a su llegada a la mesa: primero en una lista de papel y después en un programa informático especial.

"Todo tranquilo, hay las incidencias de cualquier proceso, un voluntario que falta aquí o alguna urna" que no llegó, explicó un representante del Ejecutivo catalán, Fernando Brea.

La fiscalía ordenó una investigación sobre los recursos públicos utilizados para esta votación simbólica, suspendida por el Tribunal Constitucional español. Pero "los Mossos (la Policía regional, dependiente del Gobierno catalán) ni se ven, sólo se ven ciudadanos", aseguró Brea.

La organización, milimetrada, debió permitir además la retirada de todo el material durante la noche para no perturbar hoy la vida de los establecimientos que se prestaron al juego, agregó. "Lo importante es la participación", dijo.

Y es cierto que con anterioridad a esta jornada se hizo todo lo posible para convencer a los catalanes de ir a votar porque, con este acto simbólico, el presidente catalán Artur Mas quiso demostrar la fuerza del movimiento secesionista.

En unos días se distribuyeron cientos de miles de panfletos. Ayer por la mañana, en las puertas de algunos edificios del centro de Barcelona, los habitantes podían comprobar el centro de votación que correspondía a su domicilio.

En las zonas rurales, las personas ancianas debían ser transportadas en autobús, según la Asamblea Nacional Catalana, una de las poderosas asociaciones independentistas que impulsaron la votación.

Pero más allá de esta seriedad, estuvo el entusiasmo de los votantes, que en los Hermanos Maristas fueron mayoritariamente partidarios de la separación.

Decenas de ellos se tomaban fotografías introduciendo la tan esperada papeleta en la urna, unos tocados con barretina -gorro típico catalán-, otros con mensajes más modernos, como el escrito en una camiseta: "Keep calm pero vayámonos".

"Estoy aquí porque soy catalana, y punto", declaró con orgullo Encarna García Pron, una enfermera jubilada.

"Tenemos que hacer presión", afirmó Víctor Manuel, su vecino chatarrero de 56 años. "Tenemos que hacer patria", lo corrigió Encarna entre risas.

Agencia AFP

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