Un jesuita y el mercado

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Si algo demuestra el cambio de los tiempos y lo que -posiblemente- está por venir, es la elección del nuevo papa: humilde, generoso, frugal, inteligente y firme en sus convicciones. Un ser humano excepcional, pero un modelo apropiado para las épocas que nos tocan (incluso un modelo "muy" apropiado para los inversores). Por primera vez en casi dos milenios, la Iglesia no escogió un europeo sino un latino, proveniente de uno de los populismos que más ha retrocedido en la escala de las libertades y respeto de los derechos (el default de Argentina -aún no resuelto- es el mayor de la historia mundial y la reciente destrucción de su mercado de capitales, un hecho casi sin precedentes -Alemania en los 30, Perón en los 40, Chávez a principios de este siglo-). Sin entrar en la cuestión de la intervención divina, la elección de Francisco I refleja que la globalización va más allá de lo puramente económico o político (por algo la felicitación de Barack O. fue mucho más sentida, efusiva y cariñosa que la de Cristina K.) y que -salvando los gobiernos neofascistas- hoy no podemos entender lo que pasa en una región o un país, aunque éste sea los EE.UU., si no vemos lo que pasa en el resto del mundo. Por último -no tenemos mucho espacio- el que por primera vez se escogiese un jesuita no hace sino revalidar los aportes de esa orden al mundo pastoral, teológico, legal (sin los pensadores jesuitas las revoluciones latinoamericanas hubieran sido imposibles) y económico (la ciencia económica moderna -en particular, los conceptos de propiedad privada y libre mercado- nacen en Salamanca). Entender la elección de Francisco I es entender un poco mejor al mundo y, por lo tanto, a los mercados. Ayer el Dow trepó un 0,04%, a 14.455,28 puntos.



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